El así llamado equilibrio de la naturaleza -que la humanidad destruye brutalmente con su arrogancia- es un mito. Si la ciencia no puede controlar la naturaleza, tal vez deberíamos centrarnos en cambiar cómo vivimos en ella. Los humanos no somos nada más que otra de las especies vivientes sobre la Tierra, y dependemos del delicado equilibrio de sus elementos.
Los grandes desastres ecológicos del 2010 coinciden con el antiguo modelo cosmológico, donde el universo está compuesto por cuatro elementos básicos: aire (nubes de ceniza volcánica de Islandia inmovilizando el tráfico aéreo sobre Europa), tierra (avalanchas de lodo y terremotos en China), fuego (convirtiendo a Moscú en un sitio casi inhabitable) y agua (el tsunami en Indonesia, inundaciones desplazando a millones de personas en Pakistán).
Sin embargo, este recurrir a la sabiduría tradicional no permite ninguna comprensión real de los misterios de los caprichos de nuestra salvaje Madre Naturaleza. Es una forma de consuelo, realmente, que nos permite evitar la cuestión que todos queremos preguntar: ¿la agenda de la naturaleza para el 2011 incluirá más sucesos de esta magnitud?
En nuestra desencantada era posreligiosa y ultratecnológica, las catástrofes ya no se pueden considerar significativas de un ciclo natural o la expresión de la furia divina. Las catástrofes ecológicas - que podemos ver continuamente yde cerca gracias a nuestro mundo conectado las 24 horas, los siete días de la semana-se convierten en las insensatas intrusiones de una ira ciega y destructiva. Es como si estuviéramos atestiguando el fin de la naturaleza.
Actualmente buscamos que los expertos científicos lo sepan todo. Pero no es así, y ahí radica el problema. La ciencia se ha autotransformado en un conocimiento especializado que ofrece una inconsistente gama de explicaciones contradictorias llamadas "opiniones expertas". Pero si culpamos a la civilización científico-tecnológica de muchas de nuestras dificultades, en ausencia de esa misma ciencia no podemos solucionar el daño - sólo los científicos, después de todo, pueden ver el agujero de ozono-.O, como dice un párrafo de Parsifal,de Wagner, "la herida únicamente puede curarse con la lanza que la hizo". No hay regreso a la sabiduría holística precientífica, al mundo de tierra, viento, aire y fuego.
Aunque la ciencia puede ayudarnos, no puede hacer todo el trabajo. En lugar de recurrir a la ciencia para impedir que el mundo se acabe, necesitamos mirar hacia nosotros mismos y aprender a imaginarnos y a crear un nuevo mundo. Es difícil pertenecer a los observadores pasivos que deben permanecer inmóviles mientras se revela nuestro destino, al menos para los que vivimos en Occidente.
Entren al perverso placer del martirio prematuro: "¡Ofendimos a la Madre Naturaleza, así que recibimos lo que merecemos!". Estar dispuesto a asumir la culpa de las amenazas a nuestro medio ambiente es algo engañosamente tranquilizador. Si somos culpables, entonces todo depende de nosotros; podemos salvarnos simplemente cambiando nuestro estilo de vida. Desesperada y obsesivamente reciclamos papel viejo, compramos comida orgánica, lo que sea para asegurarnos de que hacemos algo, que contribuimos. Pero igual que el universo antropomórfico, mágicamente diseñado para la comodidad del hombre, el así llamado equilibrio de la naturaleza - que la humanidad destruye brutalmente con su arrogancia-es un mito. Las catástrofes son parte de la historia natural. El hecho de que las cenizas del modesto estallido volcánico en Islandia hicieran aterrizar a la mayoría de los aviones en Europa es un muy necesitado recordatorio del grado en que nosotros, los humanos, con nuestro tremendo poder sobre la naturaleza, no somos nada más que otra de las especies vivientes sobre la Tierra, y dependemos del delicado equilibrio de sus elementos.
Entonces, ¿qué nos depara el destino? Una cosa es clara: deberíamos acostumbrarnos a un estilo de vida mucho más nómada. El cambio gradual o repentino en nuestro medio ambiente, sobre el que la ciencia puede hacer poco más que emitir advertencias, podría forzar transformaciones sociales y culturales desconocidas. Suponga que una nueva erupción volcánica hiciera inhabitable un lugar: ¿dónde encontrará cabida la gente? En el pasado, los movimientos poblacionales grandes eran procesos espontáneos, llenos de sufrimiento y pérdida de civilizaciones. Actualmente, cuando las armas de destrucción masiva no sólo están en manos de estados sino incluso de grupos locales, la humanidad simplemente no puede darse el lujo de un intercambio poblacional espontáneo.
Lo que esto significa es que se deben inventar nuevas formas de cooperación global que no dependan del mercado ni de negociaciones diplomáticas. ¿Es un sueño imposible?
Lo imposible y lo posible explotan simultáneamente en el exceso. En los reinos de la libertad personal y la tecnología científica, lo imposible es más y más posible. Podemos cobijar la esperanza de mejorar nuestras capacidades físicas y psíquicas; de manipular nuestras características biológicas vía intervenciones en el genoma; de lograr el sueño tecnognóstico de la inmortalidad codificando las características que nos distinguen y alimentando el compuesto de nuestra identidad en un programa computacional.
En lo que respecta a las relaciones socioeconómicas, empero, percibimos nuestra era como una era de madurez y, por tanto, de aceptación. Con el colapso del comunismo, abandonamos los antiguos sueños utópicos milenarios y aceptamos las limitaciones de la realidad - esto es, una realidad socioeconómica capitalista-con todas sus imposibilidades. No podemos participar en actos colectivos grandes, que necesariamente terminan en terror totalitario. No podemos aferrarnos al antiguo Estado benefactor, que impide que seamos competitivos y nos lleva a crisis económicas. No podemos aislarnos del mercado global.
A nosotros nos resulta más fácil imaginarnos el fin del mundo que un cambio social serio. Como prueba, las numerosas películas taquilleras sobre la catástrofe global y la conspicua ausencia de producciones sobre sociedades alternativas.
Tal vez sea tiempo de revertir nuestro concepto de lo posible y lo imposible; tal vez debiéramos aceptar la imposibilidad de la inmortalidad omnipotente y considerar la posibilidad del cambio social radical. Si la naturaleza ya no es un orden estable confiable, entonces nuestra sociedad también debería cambiar si queremos sobrevivir en una naturaleza que ya no es una madre buena y protectora, sino una madre pálida e indiferente.
© Slavoj Zizek
Distribuido por The New York Times Syndicate
Fuente: La Vanguardia.
Decía Walter Benjamín que un libro de citas de otros, sería un libro perfecto, ya que estas enriquecen lo nuestro y convierten nuestra obra en una “obra colectiva”. Lejos de la perfección se encuentra esta iniciativa, pero si vale como lugar donde compartir distintos textos, con el sentido de entender este día a día que nos toca en el mundo. La intención no será cambiarlo, sólo la de tratar de entenderlo.
viernes, diciembre 31
lunes, diciembre 27
Todo por un color
Por Hugo Asch para diario Perfil
“El color me posee, el color y yo somos uno” Paul Klee (1879-1940)
Ahí están. Los jugadores de Independiente con el mismo inexplicable azul que a veces usa Huracán, el Estudiantes de Verón en elegante gris, Messi vestido con un naranja flúo de operario municipal; Zanetti, blanco como de comunión… ¿Qué es esto? ¿Quién les cambió los colores, muchachos? ¿Para qué equipo juegan? ¿Qué hago yo con mi bandera de toda la vida? ¿De donde habrá salido ese horrible travestismo cromático, me pueden explicar?
Sí, ya sé. Las camisetas alternativas son un invento marketinero para sorprender, vender en el mercado masivo aún como prenda de vestir y cambiar pronto de diseño para imponer el próximo. Muy bien. Una idea ingeniosa, brillante. Pues sepan que la detesto. Es otra herencia de estos fucking tiempos posmodernos: uno no sabe ya para quién está hinchando, o peor aún, ni siquiera le importa.
Hace un millón de años, Racing ganaba la Supercopa con un modelo celeste con vivos blancos muy bonito que solo pretendía neutralizar la histórica malaria que arrastraba la camiseta tradicional. Hasta ahí, suena aceptable. Es que todos somos chicos de 10 años cuando la pelota rueda: ingenuos, inseguros, supersticiosos, llorones. Intolerables. Pero atención, al menos ese diseño respetaba la identidad. No era fucsia, amarillo como los carteles de Macri –que el Altísimo no lo permita: ¡ese tono es mufa, juran en el teatro!–, verde agua, marrón habano o colorado fuego. Y eran mis colores, no otros. Y ojo que con eso, hombres y mujeres de mi patria, no se juega.
El color es algo esencial en la vida. Recuerdo una entrañable conferencia de Borges en el Teatro Coliseo, en 1977, en donde habló largamente de su ceguera y los colores. De cómo los añoraba y cómo los fue perdiendo de a poco, sumergido en una bruma gris, sin negro. El color amarillo –el de Borges, no el de Macri–, que jamás lo abandonó y era su preferido desde niño, cuando se pasaba horas frente a la jaula del tigre en el zoológico; el verde que también podía ser azul, el azul que podía ser verde y la ausencia total del rojo, devenido en un melancólico marrón.
“Por un color / solo por un color / no somos tan malos / ya la cancha / estalla en nada”, canta Luis Alberto Spinetta en su La Bengala Perdida (1988). Una canción que surgió del incidente donde murió el hincha Roberto Basile (“la bengala perdida se le posó / allí donde se dice gol”) y de una anécdota que gira sobre la poética pasión por los colores de tipos tan sensibles como Rambo en un cumpleaños vietnamita.
A mediados de la década de los ochenta, Spinetta estaba en Córdoba, donde iba a tocar. Sin mucho que hacer en el hotel, salió a caminar y pasó distraídamente frente a un umbral donde dormitaban unos hinchas cubiertos por una bandera de Rosario Central, que esa noche jugaba contra Talleres. Habían llegado en un camión y paraban en la calle. Uno de ellos lo reconoció, pegó el grito y todos corrieron a saludarlo. Abrazos, aplausitos, pedidos de alguna moneda, esas cosas. Después, uno preguntó:
–¡Grande, Flaco! ¿Cuándo vas a hacer un tema para nosotros los barras, papá?
–No sé, loco. Ustedes están peleándose todo el tiempo. ¿Qué querés que diga?
El hincha suspiró, sonrió y movió la cabeza hacia el costado, como un perro que escucha un violín. Parecía más dolido que ofendido. Esperó unos segundos antes de responder.
–No, Flaco, no, vos no nos entendés. Nosotros lo hacemos todo por amor. Por amor a los colores…
Amor a los colores. ¡Wow! Spinetta quedó shockeado por esa frase de involuntaria poética. Y así compuso aquel conmovedor tema que mucho ayuda a comprender el misterio del fútbol. Ese imán de pasiones insensatas y amores dementes, tan liberador del niño que todos llevamos adentro… y del enano fascista que también vive por ahí. Un deporte devenido en negocio que, pese a todo, se sostiene ontológicamente con el amor más puro e inocente. El amor por un color.
Ya lo escribí en este mismo espacio y volveré a repetirlo. No soporto que los jugadores se arrancan la camiseta y la revolean para festejar. Ay, ay, ay. Lo diré una vez más: me importan un rábano sus espantosos tatuajes y las emotivas dedicatorias a novias, hijos, madres, tías o mascotas con moquillo. Ese gol es mío, ¿capisce? Mío, o lo que es lo mismo, de esa amada camiseta, la de siempre, ¡que es la única razón por la cual los estoy mirando jugar, maldito sea!
La misma camiseta que dibujaba torpemente a los 4 años, la que me puse a los 6 con mis Sacachispas y los pantaloncitos y medias haciendo juego, cuando a nadie le importaba la marca. ¿Qué marca? Lo importante era el contenido. La esencia. La pertenencia, esa patria.
Ningún sponsor, ningún nombre en la espalda salvo el número, del 1 al 11, que para un futbolista de ley sigue siendo su declaración de principios, su lugar en el mundo. Yo “soy” Perfumo con la 2 y esos colores, aún hoy, aunque le pegue con los tobillos y no pare a nadie. Nada de mercadeo, carteles, fiestas de campaña y papelitos de colores. Pura ideología, pura convicción. Puro Ser. Nos basta con eso, compatriotas.
Y nos sobra.
“El color me posee, el color y yo somos uno” Paul Klee (1879-1940)
Ahí están. Los jugadores de Independiente con el mismo inexplicable azul que a veces usa Huracán, el Estudiantes de Verón en elegante gris, Messi vestido con un naranja flúo de operario municipal; Zanetti, blanco como de comunión… ¿Qué es esto? ¿Quién les cambió los colores, muchachos? ¿Para qué equipo juegan? ¿Qué hago yo con mi bandera de toda la vida? ¿De donde habrá salido ese horrible travestismo cromático, me pueden explicar?
Sí, ya sé. Las camisetas alternativas son un invento marketinero para sorprender, vender en el mercado masivo aún como prenda de vestir y cambiar pronto de diseño para imponer el próximo. Muy bien. Una idea ingeniosa, brillante. Pues sepan que la detesto. Es otra herencia de estos fucking tiempos posmodernos: uno no sabe ya para quién está hinchando, o peor aún, ni siquiera le importa.
Hace un millón de años, Racing ganaba la Supercopa con un modelo celeste con vivos blancos muy bonito que solo pretendía neutralizar la histórica malaria que arrastraba la camiseta tradicional. Hasta ahí, suena aceptable. Es que todos somos chicos de 10 años cuando la pelota rueda: ingenuos, inseguros, supersticiosos, llorones. Intolerables. Pero atención, al menos ese diseño respetaba la identidad. No era fucsia, amarillo como los carteles de Macri –que el Altísimo no lo permita: ¡ese tono es mufa, juran en el teatro!–, verde agua, marrón habano o colorado fuego. Y eran mis colores, no otros. Y ojo que con eso, hombres y mujeres de mi patria, no se juega.
El color es algo esencial en la vida. Recuerdo una entrañable conferencia de Borges en el Teatro Coliseo, en 1977, en donde habló largamente de su ceguera y los colores. De cómo los añoraba y cómo los fue perdiendo de a poco, sumergido en una bruma gris, sin negro. El color amarillo –el de Borges, no el de Macri–, que jamás lo abandonó y era su preferido desde niño, cuando se pasaba horas frente a la jaula del tigre en el zoológico; el verde que también podía ser azul, el azul que podía ser verde y la ausencia total del rojo, devenido en un melancólico marrón.
“Por un color / solo por un color / no somos tan malos / ya la cancha / estalla en nada”, canta Luis Alberto Spinetta en su La Bengala Perdida (1988). Una canción que surgió del incidente donde murió el hincha Roberto Basile (“la bengala perdida se le posó / allí donde se dice gol”) y de una anécdota que gira sobre la poética pasión por los colores de tipos tan sensibles como Rambo en un cumpleaños vietnamita.
A mediados de la década de los ochenta, Spinetta estaba en Córdoba, donde iba a tocar. Sin mucho que hacer en el hotel, salió a caminar y pasó distraídamente frente a un umbral donde dormitaban unos hinchas cubiertos por una bandera de Rosario Central, que esa noche jugaba contra Talleres. Habían llegado en un camión y paraban en la calle. Uno de ellos lo reconoció, pegó el grito y todos corrieron a saludarlo. Abrazos, aplausitos, pedidos de alguna moneda, esas cosas. Después, uno preguntó:
–¡Grande, Flaco! ¿Cuándo vas a hacer un tema para nosotros los barras, papá?
–No sé, loco. Ustedes están peleándose todo el tiempo. ¿Qué querés que diga?
El hincha suspiró, sonrió y movió la cabeza hacia el costado, como un perro que escucha un violín. Parecía más dolido que ofendido. Esperó unos segundos antes de responder.
–No, Flaco, no, vos no nos entendés. Nosotros lo hacemos todo por amor. Por amor a los colores…
Amor a los colores. ¡Wow! Spinetta quedó shockeado por esa frase de involuntaria poética. Y así compuso aquel conmovedor tema que mucho ayuda a comprender el misterio del fútbol. Ese imán de pasiones insensatas y amores dementes, tan liberador del niño que todos llevamos adentro… y del enano fascista que también vive por ahí. Un deporte devenido en negocio que, pese a todo, se sostiene ontológicamente con el amor más puro e inocente. El amor por un color.
Ya lo escribí en este mismo espacio y volveré a repetirlo. No soporto que los jugadores se arrancan la camiseta y la revolean para festejar. Ay, ay, ay. Lo diré una vez más: me importan un rábano sus espantosos tatuajes y las emotivas dedicatorias a novias, hijos, madres, tías o mascotas con moquillo. Ese gol es mío, ¿capisce? Mío, o lo que es lo mismo, de esa amada camiseta, la de siempre, ¡que es la única razón por la cual los estoy mirando jugar, maldito sea!
La misma camiseta que dibujaba torpemente a los 4 años, la que me puse a los 6 con mis Sacachispas y los pantaloncitos y medias haciendo juego, cuando a nadie le importaba la marca. ¿Qué marca? Lo importante era el contenido. La esencia. La pertenencia, esa patria.
Ningún sponsor, ningún nombre en la espalda salvo el número, del 1 al 11, que para un futbolista de ley sigue siendo su declaración de principios, su lugar en el mundo. Yo “soy” Perfumo con la 2 y esos colores, aún hoy, aunque le pegue con los tobillos y no pare a nadie. Nada de mercadeo, carteles, fiestas de campaña y papelitos de colores. Pura ideología, pura convicción. Puro Ser. Nos basta con eso, compatriotas.
Y nos sobra.
viernes, diciembre 24
San Nicolás y las monedas de oro
Por Lucía Gálvez
Para ADN Cultura
La Navidad trae un mensaje de esperanza, renovado año a año y dirigido a todas las personas de buena voluntad. Es un paréntesis en el cual el mundo cristiano vive la ilusión de alcanzar la paz encarnada en un recién nacido.
A partir del siglo IV, la Navidad empezó a festejarse el 25 de diciembre, en reemplazo de la fiesta romana del "Sol invictus". El símbolo era claro: el nacimiento de Jesucristo representaba la victoria de la Luz contra las tinieblas del Mal.
Durante la Antigüedad y la Edad Media, el misterio de la Navidad se acercó al pueblo desde las imágenes de iglesias y catedrales bizantinas, románicas y góticas hasta las maravillosas miniaturas de los libros de horas. Cuando Francisco de Asís, en la Navidad del 1223, recreó en el santuario de Greccio el primer pesebre viviente, no hizo más que corporizar una imagen muy conocida y querida que se propagó en Europa para pasar con la misma fuerza a América.
Como toda celebración humana, la Navidad se ha expresado a través de música, bailes y canciones; comidas, bebidas y regalos entre los seres queridos. Cada pueblo puso su nota de color en el escenario navideño. El nuestro fue heredero de la riquísima tradición española con alegres villancicos cantados ante el pesebre al ritmo de panderos, flautas y tamboriles.
Los primeros misioneros franciscanos y jesuitas supieron adecuar esta tradición a las distintas comunidades indígenas prehispánicas, sin desdeñar influencias autóctonas. Según el padre Lozano, historiador jesuita del siglo XVIII, el primer pesebre realizado en territorio argentino fue el que modelaron los omaguacas con arcilla de colores de los cerros, dirigidos por el padre Garpar de Monroy, durante la Navidad de 1594 en el mágico pueblito de Purmamarca. Antes aun, en 1585, el padre Alonso Barzana, también jesuita, había hecho pesebres vivientes en las comunidades indígenas del Tucumán. En la región de Santiago del Estero y en todo el Noroeste, fue San Francisco Solano quien mayor impulso dio a las celebraciones navideñas.
En una carta de 1613, el padre Cataldino, misionero del Guayrá, cuenta el entusiasmo de los indios ante el pesebre montado por los padres. Y el padre Sepp, natural del Tirol, afirma en 1701 que los guaraníes llevaban al Niño miel, zapallos y otros productos mientras cantaban y bailaban en su honor.
En el siglo XVIII se pusieron de moda en Córdoba unos niños Jesús o "belenes" de fina hechura, conservados bajo una campana de cristal. Toda clase de objetos diminutos y bellos rodeaba las figuras: eran los juguetes del Niño. En Jujuy, desde tiempos inmemoriales, chicos y adultos bailan por turnos la danza de las cintas, después de haber cumplido con la adoración del Niño.
Tanto en el Norte como en Cuyo y el Litoral, la tradición más destacada es el armado del pesebre con toda clase de elementos de la flora autóctona: pasto fresco y musgo; ramas, pencas y cardones; huevitos de pájaros, caracoles, mica, etc. Agustín Zapata Gollán hace una evocadora descripción de los antiguos pesebres santafecinos que "cobraban su mayor encanto en las primeras horas de la noche, cuando a la luz de lámparas y mecheros brillaban las estrellas de papel plateado que tachonaban un cielo de bambalina". En esas horas misteriosas en que los ángeles anunciaran a los pastores el nacimiento del Niño, los ojos infantiles miraban asombrados y unían a ellos sus canciones de alabanza. El Santos Vega de Ascasubi trae la pintoresca descripción de un pesebre bonaerense construido en la iglesia del pago de Pergamino en 1805. Un paisano cuenta que vio "tres reyecitos: / un blanco, un negro y un indio... / montados en un cebruno, un alazán y un tordillo" que traían ropa para el Niño, vestido sólo con "un chiripacito".
Algunas familias de origen inglés o alemán iniciaron a fines del siglo XIX una tradición del norte de Europa, que se propagaría por todo el país: el árbol de Navidad. En sus orígenes germanos, simbolizaba el árbol de la vida cargado de frutos mágicos. Los misioneros lo adaptaron al cristianismo agregándole la estrella de Belén. Las multitudes que fueron llegando de otros países a fines del siglo pasado y principios del XX aportaron nuevas tradiciones.
Hacia mediados del siglo pasado, se suscitó una discusión sobre quién traía los regalos: ¿el Niño Dios o Papá Noel-Santa Claus? Este personaje que hizo irrupción con una parafernalia de trineos, renos, nieve, bolsas de juguetes, ropas rojas, barbas blancas y carcajadas extemporáneas no era otro que el obispo san Nicolás de Bari, anacrónicamente vestido, quien acostumbraba tirar monedas de oro por las ventanas a las doncellas sin dote. Nunca hubiera imaginado el éxito que iba a tener su personaje en una sociedad en la que el consumo excesivo impide a muchos ver lo trascendente. La sociedad parece haber olvidado que el origen de esta fiesta es el nacimiento de un niño Dios en un pobre establo y no el jolgorio del palacio de Herodes. Lejos del espíritu navideño, el resentimiento y la falta de comprensión nos amenazan con males mayores. Nos queda la esperanza de que los valores de una Argentina que trabaja y estudia triunfen sobre la intolerancia y la violencia.
Para ADN Cultura
La Navidad trae un mensaje de esperanza, renovado año a año y dirigido a todas las personas de buena voluntad. Es un paréntesis en el cual el mundo cristiano vive la ilusión de alcanzar la paz encarnada en un recién nacido.
A partir del siglo IV, la Navidad empezó a festejarse el 25 de diciembre, en reemplazo de la fiesta romana del "Sol invictus". El símbolo era claro: el nacimiento de Jesucristo representaba la victoria de la Luz contra las tinieblas del Mal.
Durante la Antigüedad y la Edad Media, el misterio de la Navidad se acercó al pueblo desde las imágenes de iglesias y catedrales bizantinas, románicas y góticas hasta las maravillosas miniaturas de los libros de horas. Cuando Francisco de Asís, en la Navidad del 1223, recreó en el santuario de Greccio el primer pesebre viviente, no hizo más que corporizar una imagen muy conocida y querida que se propagó en Europa para pasar con la misma fuerza a América.
Como toda celebración humana, la Navidad se ha expresado a través de música, bailes y canciones; comidas, bebidas y regalos entre los seres queridos. Cada pueblo puso su nota de color en el escenario navideño. El nuestro fue heredero de la riquísima tradición española con alegres villancicos cantados ante el pesebre al ritmo de panderos, flautas y tamboriles.
Los primeros misioneros franciscanos y jesuitas supieron adecuar esta tradición a las distintas comunidades indígenas prehispánicas, sin desdeñar influencias autóctonas. Según el padre Lozano, historiador jesuita del siglo XVIII, el primer pesebre realizado en territorio argentino fue el que modelaron los omaguacas con arcilla de colores de los cerros, dirigidos por el padre Garpar de Monroy, durante la Navidad de 1594 en el mágico pueblito de Purmamarca. Antes aun, en 1585, el padre Alonso Barzana, también jesuita, había hecho pesebres vivientes en las comunidades indígenas del Tucumán. En la región de Santiago del Estero y en todo el Noroeste, fue San Francisco Solano quien mayor impulso dio a las celebraciones navideñas.
En una carta de 1613, el padre Cataldino, misionero del Guayrá, cuenta el entusiasmo de los indios ante el pesebre montado por los padres. Y el padre Sepp, natural del Tirol, afirma en 1701 que los guaraníes llevaban al Niño miel, zapallos y otros productos mientras cantaban y bailaban en su honor.
En el siglo XVIII se pusieron de moda en Córdoba unos niños Jesús o "belenes" de fina hechura, conservados bajo una campana de cristal. Toda clase de objetos diminutos y bellos rodeaba las figuras: eran los juguetes del Niño. En Jujuy, desde tiempos inmemoriales, chicos y adultos bailan por turnos la danza de las cintas, después de haber cumplido con la adoración del Niño.
Tanto en el Norte como en Cuyo y el Litoral, la tradición más destacada es el armado del pesebre con toda clase de elementos de la flora autóctona: pasto fresco y musgo; ramas, pencas y cardones; huevitos de pájaros, caracoles, mica, etc. Agustín Zapata Gollán hace una evocadora descripción de los antiguos pesebres santafecinos que "cobraban su mayor encanto en las primeras horas de la noche, cuando a la luz de lámparas y mecheros brillaban las estrellas de papel plateado que tachonaban un cielo de bambalina". En esas horas misteriosas en que los ángeles anunciaran a los pastores el nacimiento del Niño, los ojos infantiles miraban asombrados y unían a ellos sus canciones de alabanza. El Santos Vega de Ascasubi trae la pintoresca descripción de un pesebre bonaerense construido en la iglesia del pago de Pergamino en 1805. Un paisano cuenta que vio "tres reyecitos: / un blanco, un negro y un indio... / montados en un cebruno, un alazán y un tordillo" que traían ropa para el Niño, vestido sólo con "un chiripacito".
Algunas familias de origen inglés o alemán iniciaron a fines del siglo XIX una tradición del norte de Europa, que se propagaría por todo el país: el árbol de Navidad. En sus orígenes germanos, simbolizaba el árbol de la vida cargado de frutos mágicos. Los misioneros lo adaptaron al cristianismo agregándole la estrella de Belén. Las multitudes que fueron llegando de otros países a fines del siglo pasado y principios del XX aportaron nuevas tradiciones.
Hacia mediados del siglo pasado, se suscitó una discusión sobre quién traía los regalos: ¿el Niño Dios o Papá Noel-Santa Claus? Este personaje que hizo irrupción con una parafernalia de trineos, renos, nieve, bolsas de juguetes, ropas rojas, barbas blancas y carcajadas extemporáneas no era otro que el obispo san Nicolás de Bari, anacrónicamente vestido, quien acostumbraba tirar monedas de oro por las ventanas a las doncellas sin dote. Nunca hubiera imaginado el éxito que iba a tener su personaje en una sociedad en la que el consumo excesivo impide a muchos ver lo trascendente. La sociedad parece haber olvidado que el origen de esta fiesta es el nacimiento de un niño Dios en un pobre establo y no el jolgorio del palacio de Herodes. Lejos del espíritu navideño, el resentimiento y la falta de comprensión nos amenazan con males mayores. Nos queda la esperanza de que los valores de una Argentina que trabaja y estudia triunfen sobre la intolerancia y la violencia.
viernes, diciembre 17
Ecosistemas amenazados: un problema global
Un informe divulgado en la reciente cumbre de Cancún, "Gráficos Vitales del Cambio Climático para América Latina y el Caribe", elaborado por agencias de las Naciones Unidas, señaló que los daños en la región en los últimos 10 años generaron costos estimados de más de 40.000 millones de dólares.
El reporte de la Comisión Económica para América Latina y del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente advirtió que los efectos del cambio climático podrían intensificarse en el próximo siglo, en caso de que no se realicen acciones para mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero y no se invierta en la adaptación de nuevas condiciones climáticas.
BUSCANDO UNA SOLUCIÓN
Algunos expertos dicen que crear una "Lista Roja" global de los ecosistemas en vías de extinción podría ayudarles a detectar las crisis causadas por el cambio climático y colocaría la lupa sobre las áreas que deben ser manejadas como una prioridad.
Luz Esther Sánchez, bióloga marina y ecologista, señaló que a lo largo de la costa del Lago de Maracaibo en Venezuela, residuos repletos de sedimentos y pesticidas fueron asfixiando a los animales que alguna vez habitaron entre las raíces de los manglares.
La científica estuvo estudiando esas zonas muertas y aseguró que para salvar a los manglares se necesita un esfuerzo exhaustivo que reduzca la contaminación de las aguas y detenga la destrucción de las selvas montaña arriba. "Sería muy útil para la conservación del ecosistema de manglar que se declarara amenazado. La gente sale defendiendo los delfines, las tortugas, pero yo nunca vi que defiendan el bosque con la vehemencia con la que se defiende a una especie", agregó.
¿CÓMO DETECTAR LAS AMENAZAS?
Un grupo internacional de biólogos estuvo desarrollando un sistema para clasificar las amenazas a los ecosistemas. En octubre presentaron un plan preliminar en una conferencia de las Naciones Unidas sobre la biodiversidad, celebrada en Nagoya, Japón.
"Si podemos lograr un sistema científico bueno, riguroso, que sea relativamente fácil de monitorear globalmente, podríamos seguir estos cambios, describirlos y hacer sonar la alarma en los lugares en los que las cosas podrían ir mal", afirmó el conservacionista holandés Piet Wit.
Este experto es el presidente de la Comisión para el Manejo de Ecosistemas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, por sus siglas en inglés), organización que mantiene una "lista Roja" de miles de plantas y animales en peligro, un estándar internacional.
Algunos científicos, sin embargo, advierten que ponerse de acuerdo sobre las categorías precisas para diferenciar los hábitats sería una tarea prácticamente inabordable, aunque sí coinciden en que algunos ecosistemas que están amenazados o en peligro, como múltiples arrecifes de coral, praderas en el sur de Rusia o la selva atlántica de Brasil podrían protegerse.
Otros, como el experto en la prevención de desaparición de especies de la Universidad de Duke Stuart Pimm, consideran que se trata de una buena idea, pero tiene dudas sobre cómo podría ponerse en práctica.
"Generalmente tienes que el deterioro de los ecosistemas ocurre primero, y luego el declive de las especies", dijo Jon Paul Rodríguez, un biólogo experto en conservación de Venezuela, quien dirige el grupo de trabajo de la IUCN.
DATOS ALENTADORES
Un estudio publicado en noviembre, durante la conferencia de la ONU en Japón, encontró que los esfuerzos para salvar a los animales en peligro se estaban haciendo sentir. El reporte concluyó en que docenas de especies amenazadas de la “Lista Roja” mejoraron su situación, y que el camino hacia la extinción habría podido ser un 20% más rápido de no haberse tomado medidas para su preservación.
La lista de hábitats destruidos por el hombre se incrementó, pero actualmente algunos esfuerzos para salvar especies amenazadas parecen estar funcionando. Las ballenas jorobadas, por ejemplo, lograron pasar de ser "vulnerables" a tener un riesgo bajo de extinción gracias a la prohibición internacional de su caza comercial.
"Las Listas Rojas de las especies tuvieron un enorme éxito, por lo que tenemos razones para pensar que si se hacen las de los ecosistemas podrían tenerlo también, y podrían complementarlas", aseguró Kathryn Rodríguez Clark, una ecologista y especialista en conservación del Instituto Venezolano de Investigaciones científicas, que colabora con el esfuerzo de la IUCN.
Los científicos que proponen la lista global de ecosistemas aspiran a que la propuesta sea adoptada formalmente por la IUCN en el 2012. Luego vendría el proceso de ponerse de acuerdo sobre las listas y el trazado de un mapa de lugares amenazados.
www.observadorglobal.com
El reporte de la Comisión Económica para América Latina y del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente advirtió que los efectos del cambio climático podrían intensificarse en el próximo siglo, en caso de que no se realicen acciones para mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero y no se invierta en la adaptación de nuevas condiciones climáticas.
BUSCANDO UNA SOLUCIÓN
Algunos expertos dicen que crear una "Lista Roja" global de los ecosistemas en vías de extinción podría ayudarles a detectar las crisis causadas por el cambio climático y colocaría la lupa sobre las áreas que deben ser manejadas como una prioridad.
Luz Esther Sánchez, bióloga marina y ecologista, señaló que a lo largo de la costa del Lago de Maracaibo en Venezuela, residuos repletos de sedimentos y pesticidas fueron asfixiando a los animales que alguna vez habitaron entre las raíces de los manglares.
La científica estuvo estudiando esas zonas muertas y aseguró que para salvar a los manglares se necesita un esfuerzo exhaustivo que reduzca la contaminación de las aguas y detenga la destrucción de las selvas montaña arriba. "Sería muy útil para la conservación del ecosistema de manglar que se declarara amenazado. La gente sale defendiendo los delfines, las tortugas, pero yo nunca vi que defiendan el bosque con la vehemencia con la que se defiende a una especie", agregó.
¿CÓMO DETECTAR LAS AMENAZAS?
Un grupo internacional de biólogos estuvo desarrollando un sistema para clasificar las amenazas a los ecosistemas. En octubre presentaron un plan preliminar en una conferencia de las Naciones Unidas sobre la biodiversidad, celebrada en Nagoya, Japón.
"Si podemos lograr un sistema científico bueno, riguroso, que sea relativamente fácil de monitorear globalmente, podríamos seguir estos cambios, describirlos y hacer sonar la alarma en los lugares en los que las cosas podrían ir mal", afirmó el conservacionista holandés Piet Wit.
Este experto es el presidente de la Comisión para el Manejo de Ecosistemas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, por sus siglas en inglés), organización que mantiene una "lista Roja" de miles de plantas y animales en peligro, un estándar internacional.
Algunos científicos, sin embargo, advierten que ponerse de acuerdo sobre las categorías precisas para diferenciar los hábitats sería una tarea prácticamente inabordable, aunque sí coinciden en que algunos ecosistemas que están amenazados o en peligro, como múltiples arrecifes de coral, praderas en el sur de Rusia o la selva atlántica de Brasil podrían protegerse.
Otros, como el experto en la prevención de desaparición de especies de la Universidad de Duke Stuart Pimm, consideran que se trata de una buena idea, pero tiene dudas sobre cómo podría ponerse en práctica.
"Generalmente tienes que el deterioro de los ecosistemas ocurre primero, y luego el declive de las especies", dijo Jon Paul Rodríguez, un biólogo experto en conservación de Venezuela, quien dirige el grupo de trabajo de la IUCN.
DATOS ALENTADORES
Un estudio publicado en noviembre, durante la conferencia de la ONU en Japón, encontró que los esfuerzos para salvar a los animales en peligro se estaban haciendo sentir. El reporte concluyó en que docenas de especies amenazadas de la “Lista Roja” mejoraron su situación, y que el camino hacia la extinción habría podido ser un 20% más rápido de no haberse tomado medidas para su preservación.
La lista de hábitats destruidos por el hombre se incrementó, pero actualmente algunos esfuerzos para salvar especies amenazadas parecen estar funcionando. Las ballenas jorobadas, por ejemplo, lograron pasar de ser "vulnerables" a tener un riesgo bajo de extinción gracias a la prohibición internacional de su caza comercial.
"Las Listas Rojas de las especies tuvieron un enorme éxito, por lo que tenemos razones para pensar que si se hacen las de los ecosistemas podrían tenerlo también, y podrían complementarlas", aseguró Kathryn Rodríguez Clark, una ecologista y especialista en conservación del Instituto Venezolano de Investigaciones científicas, que colabora con el esfuerzo de la IUCN.
Los científicos que proponen la lista global de ecosistemas aspiran a que la propuesta sea adoptada formalmente por la IUCN en el 2012. Luego vendría el proceso de ponerse de acuerdo sobre las listas y el trazado de un mapa de lugares amenazados.
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viernes, diciembre 10
El rock no es ideología
por el Indio Solari
Lo que es difícil de entender es que gente que se ha nutrido de información totalmente contestataria y enfrentada con el sistema vaya hoy a pedir la bendición del sistema. Esa es una actitud que ahora suele verse entre los músicos, la de ir a pedir la aceptación, la de ir a buscar la recompensa. Hay circuitos que son inconmovibles y no hay que recurrir a ellos.
Lo mismo sucede con esa especie de defensa desesperada del "rock nacional". Tal cosa no existe. La cultura del rock es universalista y no localista, porque habla de cosas que le pasan a la especie. En el rock existía una voracidad cultural y se incorporaban filosofías o búsquedas de todas partes del mundo, incluyendo Oriente. Además el rock nunca fué música de nativos sino de inmigrantes. Nace con los negros en EE.UU. Hablar de rock nacional es casi un disparate.
Tenemos que diferenciar bien aquello del rock contestatario ( por dónde se desplazaba una serie de informaciones que el sistema tenía encubiertas o negadas) del rock "business" que tiene más que ver con las decisiones personales o jubilaciones personales de algunos músicos pero que no pueden involucrar al rock en su totalidad. El que conoce la diferencia va a preferir vivir más mraginado y no vender bocaditos Cabsha.
Existe una especie de tacto existencial que te permite registrar la verdad o falsedad de las cosas, no es algo intelectual, es más bien intuitivo. Ese tacto registra una impresión muy desagradable cuándo alguien pregunta cómo anduvo el recital y te contestan:
-"Muy bien, metieron 2000 personas".-
No contestan que fué un magnífico recital, que hubo mucha emoción, fué una fiesta. Contestar con cantidad de personas parece como contar dinero.
Lo que es difícil de entender es que gente que se ha nutrido de información totalmente contestataria y enfrentada con el sistema vaya hoy a pedir la bendición del sistema. Esa es una actitud que ahora suele verse entre los músicos, la de ir a pedir la aceptación, la de ir a buscar la recompensa. Hay circuitos que son inconmovibles y no hay que recurrir a ellos.
Lo mismo sucede con esa especie de defensa desesperada del "rock nacional". Tal cosa no existe. La cultura del rock es universalista y no localista, porque habla de cosas que le pasan a la especie. En el rock existía una voracidad cultural y se incorporaban filosofías o búsquedas de todas partes del mundo, incluyendo Oriente. Además el rock nunca fué música de nativos sino de inmigrantes. Nace con los negros en EE.UU. Hablar de rock nacional es casi un disparate.
Tenemos que diferenciar bien aquello del rock contestatario ( por dónde se desplazaba una serie de informaciones que el sistema tenía encubiertas o negadas) del rock "business" que tiene más que ver con las decisiones personales o jubilaciones personales de algunos músicos pero que no pueden involucrar al rock en su totalidad. El que conoce la diferencia va a preferir vivir más mraginado y no vender bocaditos Cabsha.
Existe una especie de tacto existencial que te permite registrar la verdad o falsedad de las cosas, no es algo intelectual, es más bien intuitivo. Ese tacto registra una impresión muy desagradable cuándo alguien pregunta cómo anduvo el recital y te contestan:
-"Muy bien, metieron 2000 personas".-
No contestan que fué un magnífico recital, que hubo mucha emoción, fué una fiesta. Contestar con cantidad de personas parece como contar dinero.
miércoles, diciembre 8
A 30 años del asesinato de John Lennon
Un 8 de diciembre de 1980, el mundo entero se paralizaba con la noticia de que John Lennon, el legendario integrante de los Beatles, había sido asesinado en Nueva York. Mark David Chapman, que actualmente cumple una condena a cadena perpetua por el brutal crimen, acabó con la vida de un hombre muy talentoso, que además fue un filántropo y activista a favor de la paz en el mundo.
John Lennon estaba parado en la entrada del edificio Dakota, a metros del Central Park, en Nueva York, cuando de la nada Mark David Chapman, un fanático y desequilibrado, lo asesinó a balazos. Su muerte representó el final de una época; el mundo ya no volvería a ser el mismo. No obstante, el legado de John Lennon sigue vigente, y su música aún vive en millones de personas que la siguen disfrutando todos los días.
Tras su asesinato una noche de diciembre en Nueva York, Lennon se convirtió en leyenda y símbolo de una época, que sigue siendo objeto de libros y películas al cumplirse 30 años de la muerte. El ex Beatle se había convertido desde hacía tiempo en pacifista, luego de casarse en segundas nupcias con la japonesa Yoko Ono, con quien tuvo a su hijo Sean.
El asesino, Mark Chapman, un joven inestable que en ese momento tenía 25 años, admitió que cometió el homicidio y afirmó que lo hizo porque quería llamar la atención. Condenado a cadena perpetua, está detenido en la cárcel de Attica, al norte de Nueva York. Se le negó seis veces la libertad condicional, la última vez en septiembre pasado. Yoko Ono se opone a la liberación del asesino de su marido, por temor por su propia seguridad y la de su hijo Sean Lennon, que tiene 35 años.
Cada año, los admiradores de Lennon se dan cita el 9 de octubre y el 8 de diciembre en una zona de Central Park bautizada "Strawberry Fields", por el título de una canción de los Beatles. Un mosaico en el suelo lleva la inscripción "Imagine", uno de los temas más famosos compuestos por Lennon en 1971 tras la separación de la banda de Liverpool.
"Todos mis estudiantes conocen 'Imagine', un canción que hoy en día está hasta en los ascensores o en la sala de espera del dentista", comentó Robert Thompson, profesor de cultura pop de la Universidad de Syracuse. "El apogeo de los Beatles y de John Lennon solista ya había pasado cuando murió, pero su asesinato puso un punto final al sueño de ver a los Beatles reunidos nuevamente, y convirtió inmediatamente a John Lennon en leyenda", agrega, comparándolo a James Dean, Elvis Presley o Michael Jackson.
Por otra parte, "Lennon murió, pero Yoko Ono no. Ella se ocupó de mantener viva la llama", agrega Robert Thompson, según el cual John Lennon, por su aspecto, sus anteojos redondos, su pelo largo y sus comentarios pacifistas, simbolizó toda una época. El año pasado, Yoko Ono organizó una exposición sobre los años de John Lennon en Nueva York, y la viuda sigue animando el sitio www.johnlennon.com.
A fines de noviembre la televisión norteamericana difundió "LENNONYC" realizado por Michael Epstein, que relata la vida en Nueva York del autor de "Working Class Hero", entre otros grandes clásicos de la música contemporánea. Por otra parte, la primera biografía filmada sobre el más famoso de los Beatles, "Nowhere Boy", obra de Sam Taylor-Wood, se estrenó en octubre pasado en Estados Unidos, coincidiendo con los 70 años del nacimiento del músico.
El culto dedicado al artista llega hasta las subastadoras: el manuscrito de "A Day in the Life", una de las canciones más famosas del grupo, se vendió en junio pasado por 1,2 millón de dólares, más del doble de lo previsto.
En 1980, el odio y el fanatismo extremo terminaron con la vida de un activo militante por la paz mundial y un prolífico músico. Lennon dejó trágicamente este mundo, demasiado rápido. Acababa de cumplir 40 años.
www.observadorglobal.com
John Lennon estaba parado en la entrada del edificio Dakota, a metros del Central Park, en Nueva York, cuando de la nada Mark David Chapman, un fanático y desequilibrado, lo asesinó a balazos. Su muerte representó el final de una época; el mundo ya no volvería a ser el mismo. No obstante, el legado de John Lennon sigue vigente, y su música aún vive en millones de personas que la siguen disfrutando todos los días.
Tras su asesinato una noche de diciembre en Nueva York, Lennon se convirtió en leyenda y símbolo de una época, que sigue siendo objeto de libros y películas al cumplirse 30 años de la muerte. El ex Beatle se había convertido desde hacía tiempo en pacifista, luego de casarse en segundas nupcias con la japonesa Yoko Ono, con quien tuvo a su hijo Sean.
El asesino, Mark Chapman, un joven inestable que en ese momento tenía 25 años, admitió que cometió el homicidio y afirmó que lo hizo porque quería llamar la atención. Condenado a cadena perpetua, está detenido en la cárcel de Attica, al norte de Nueva York. Se le negó seis veces la libertad condicional, la última vez en septiembre pasado. Yoko Ono se opone a la liberación del asesino de su marido, por temor por su propia seguridad y la de su hijo Sean Lennon, que tiene 35 años.
Cada año, los admiradores de Lennon se dan cita el 9 de octubre y el 8 de diciembre en una zona de Central Park bautizada "Strawberry Fields", por el título de una canción de los Beatles. Un mosaico en el suelo lleva la inscripción "Imagine", uno de los temas más famosos compuestos por Lennon en 1971 tras la separación de la banda de Liverpool.
"Todos mis estudiantes conocen 'Imagine', un canción que hoy en día está hasta en los ascensores o en la sala de espera del dentista", comentó Robert Thompson, profesor de cultura pop de la Universidad de Syracuse. "El apogeo de los Beatles y de John Lennon solista ya había pasado cuando murió, pero su asesinato puso un punto final al sueño de ver a los Beatles reunidos nuevamente, y convirtió inmediatamente a John Lennon en leyenda", agrega, comparándolo a James Dean, Elvis Presley o Michael Jackson.
Por otra parte, "Lennon murió, pero Yoko Ono no. Ella se ocupó de mantener viva la llama", agrega Robert Thompson, según el cual John Lennon, por su aspecto, sus anteojos redondos, su pelo largo y sus comentarios pacifistas, simbolizó toda una época. El año pasado, Yoko Ono organizó una exposición sobre los años de John Lennon en Nueva York, y la viuda sigue animando el sitio www.johnlennon.com.
A fines de noviembre la televisión norteamericana difundió "LENNONYC" realizado por Michael Epstein, que relata la vida en Nueva York del autor de "Working Class Hero", entre otros grandes clásicos de la música contemporánea. Por otra parte, la primera biografía filmada sobre el más famoso de los Beatles, "Nowhere Boy", obra de Sam Taylor-Wood, se estrenó en octubre pasado en Estados Unidos, coincidiendo con los 70 años del nacimiento del músico.
El culto dedicado al artista llega hasta las subastadoras: el manuscrito de "A Day in the Life", una de las canciones más famosas del grupo, se vendió en junio pasado por 1,2 millón de dólares, más del doble de lo previsto.
En 1980, el odio y el fanatismo extremo terminaron con la vida de un activo militante por la paz mundial y un prolífico músico. Lennon dejó trágicamente este mundo, demasiado rápido. Acababa de cumplir 40 años.
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