jueves, enero 6

Entrevista a Eduardo Galeano

Autor: Jaime Avilés, La Jornada

Argentina, víctima "obediente”

“La lección para el mundo es no comprar el discurso del FMI, que conduce al exterminio”

MONTEVIDEO.— Desde la banda oriental del río de La Plata, a 40 kilómetros de Buenos Aires, lleno de una tristeza que no pretende ocultar pero que lo nutre de hallazgos y revelaciones en el terreno del lenguaje, Eduardo Galeano observa la crisis terminal de la Argentina, un país, dice, "víctima de la doctrina universal que aceptó, cumpliendo con todo lo que le mandaron" y al que "ahora, encima, castigan por obediente".

En la Casa de los Pájaros, donde vive con Elena Vilagra en el barrio Malvín, caminando con su perro Morgan por las breves colinas que bajan a la playa, cenando con sus amigos en un restaurante italiano, en cuyos muros aparece retratado junto a Antonio Skármeta, Joan Manuel Serrat o José Saramago, charlando, en fin, con La Jornada hasta altas horas de la noche en el sótano de un antiguo molino habilitado como bar, el escritor uruguayo reflexiona en voz alta, con palabras lentas, que a veces alarga para subrayar su importancia dentro de la frase.

Argentina hizo todo lo que le ordenó el FMI y está destruida. ¿Cuál es la lección para México?
No es sólo una lección para México, sino para el mundo, pero en general yo diría que no se crean el cuento: hay que tener un poco más de cuidado; los discursos del poder no expresan, ocultan, disfrazan. La lección es que no hay que seguir comprando ese discurso que conduce al exterminio, no sólo de las economías nacionales, sino que además tiene horrorosas consecuencias y no sólo económicas. Un discurso que no se traduce sólo en un empobrecimiento masivo y en una concentración ofensiva de la riqueza, en la bofetada, el cotidiano insulto, que es la ostentación del poder de unos poquitos en medio del desamparo de tantos...

¿Cuáles son las consecuencias no económicas?
Primero, el desprestigio de la democracia. Ahora se la identifica con la corrupción, con la ineficiencia, con la injusticia, que es lo peor que podría pasarle a la democracia. Al fin y al cabo, democracia significa "poder del pueblo" y hasta qué extremos ha sido humillada esta palabra, que ha terminado por convertirse en antónimo de justicia. Mucha, muchísima gente cada vez más lo siente así, sobre todo entre los jóvenes. La democracia es una cueva de ladrones que no sirve para nada y que no hace más que lastimar a los pobres. ''Esta es la visión de la democracia que está teniendo una inmensa cantidad de gente, por lo menos en los países latinoamericanos, y ésta es la consecuencia cultural más grave, porque hay una cultura democrática que hace posible que el ejercicio de la democracia sea algo más que un juego de sombras chinas en la pared''.

Un caldo de cultivo para el fascismo...
Otro daño tremendo son las grandes lastimaduras que ha sufrido todos estos años la cultura de la solidaridad. Los lazos solidarios sociales tienen expresiones culturales nacidas del vínculo con los otros. En un sistema que predica el egoísmo y lo practica, la cultura de la solidaridad está siendo muy mal herida. Hoy por hoy la cultura que predomina es la del sálvese quien pueda y cada quien a lo suyo, y el que caiga que se joda. Y eso también me duele muchísimo. Te cuento cosas que me duelen de la realidad cultural actual y que se traducen en un cambio de lenguaje: hay una jodida actualización del diccionario.

Le pregunto por la melancolía que prevalece en países como Argentina y Uruguay, formados básicamente por inmigrantes nostálgicos de Europa.
Sí —acepta—, éstos son países que tienen una población de inmigrantes en su abrumadora mayoría, y allí es interesante anotar que eso está en el fondo de una perplejidad universal ante la magnitud de una crisis como la que está sufriendo Argentina, que es una verdadera tragedia. Perplejidad universal porque no se entiende cómo es posible que ocurra esto en un país blanco, bien nutrido, sin problemas de explosión demográfica, pero el hecho en sí cuestiona las teorías de antropólogos, sociólogos, politólogos y otros ólogos que identifican, por ejemplo, subdesarrollo y pobreza con explosiones sociales, cosas, nos dicen, que suceden en las regiones oscuras del planeta, las regiones condenadas de antemano a padecer la pobreza por su color de piel debido a mestizajes que no dieron buenos frutos. Pero contra esas interpretaciones racistas de la desdicha humana se producen episodios como este de la Argentina y no se explican cómo pudo ocurrir.

Pero Argentina tiene todo —le recuerdo—, agua, petróleo, trigo, carne, un territorio gigantesco y vacío. Algunos sectores de izquierda piensan que podría salvarse sola. Galeano descarta la idea.
Eso es impracticable. Solo no se salva nadie. La única salida para los países latinoamericanos para no perderlo todo o recuperar parte de lo que se ha perdido es que seamos capaces de unirnos. En América Latina los presidentes se reúnen pero no se unen; hacen esas cumbres, intercambian discursos, posan para la foto, pero no son capaces de unirse para hacer frente juntos a la banquería internacional que nos gobierna, a la usura de la deuda externa que nos está estrangulando, al derrumbe de los precios de todo lo que vendemos. Si los presidentes se unieran quizá se podría hacer algo para no asistir con fatalismo a esta suerte de imposición universal de la desdicha como destino al que pretenden condenarnos. Pero allí tienes otro aporte al nuevo diccionario.

¿Cuál?
El nuevo nombre de la dictadura financiera es comunidad internacional; cualquier cosa que hagas para defender lo poco que te queda de soberanía es un atentado contra la comunidad internacional, no un acto de legítima defensa contra la usura que practica la banquería que gobierna el mundo y a la cual cuanto más le pagás más le debés. Por eso, en un país como Argentina está desmantelado todo, la economía, el estado, la identidad colectiva de la gente que ya no sabe quién es, para qué es, de dónde viene o a dónde va. Hay un vaciamiento espiritual que simétricamente corresponde al vaciamiento material de un país saqueado hasta las telarañas.

POR LAS PRIVATIZACIONES, ARGENTINA PERDIO SU ECONOMIA; URUGUAY TAMBIEN VIVE HORAS DIFICILES
Uruguay tiene 3 millones de habitantes y una decepción profunda. Está en el centro del verano y todavía no llegan los turistas de Buenos Aires que solían traer los dineros necesarios —alrededor de 5 mil millones de dólares anuales— para que el país sobreviviera hasta la próxima temporada vacacional. Esos recursos están hoy congelados al otro lado del río de La Plata, dentro del corralito bancario que secuestró los ahorros y los sueldos de los depositantes argentinos, y "acá también va a estallar una crisis tremenda, eso está en las tapas de los libros", asegura el taxista que me conduce de nuevo a la Casa de los Pájaros, donde viven Elena Vilagra y Eduardo Galeano. La entrevista se reanuda en el pequeño jardín de su acogedora vivienda. Hace muchísimo calor, bebemos cerveza, comemos fainá, fritura de masa condimentada con especias, y hablamos al amparo de las plantas y las flores y los árboles de esta "selva" en que la esposa del escritor uruguayo ha volcado su imaginación y dedicaciones desde que la pareja regresó del exilio en Cataluña, a mediados de los ’80, al final de la dictadura militar.

Estamos a la orilla de uno de los ríos más anchos del mundo, que baña dos expresiones de una misma cultura. ¿Por qué en Uruguay no ha sucedido lo mismo que en Argentina?
Galeano se remonta al comienzo de la historia:
Hay algunas diferencias importantes entre Uruguay y Argentina dentro de lo que podría ser un cuadro de cosas compartidas. Una historia común que se rompe a partir de la desintegración del espacio colonial que fue el virreinato del río de La Plata. Son diferencias que provienen de las tempranas reformas que acá se hicieron en la época de don José Batlle Ordóñez, un hombre con un impulso tremendo de cambio y un precursor para su tiempo (de 1904 en adelante); un visionario que colocó a Uruguay a la vanguardia del mundo en muchos aspectos. Cuesta imaginarlo ahora porque estamos a la retaguardia en tantas cosas, pero este país fue el exitoso laboratorio de una serie de transformaciones sociales, políticas, económicas, culturales que ahora son asombrosas vistas a la distancia. Por ejemplo, la nacionalización de los servicios públicos y después la puesta en marcha del Estado como motor industrial.

Milagro en país chico… ¿Qué tipo de reformas?
Una tempranísima ley de divorcio de 1908 -mi abuela, por ejemplo, era divorciada-, y reformas sociales fundamentales como la educación laica, gratuita y obligatoria, incluida la educación física; Uruguay se llenó de campos de deporte, lo que explica este milagro de que hayamos sido campeones del mundo en fútbol antes de que existiera la copa Jules Rimet, en las olimpiadas del ’24, del ’28 y después en el primer campeonato mundial del ’30, algo notable para un país tan chiquito que tiene menos habitantes que Ciudad Nezahualcóyotl. Pero fue posible porque el Estado expresaba de veras a la comunidad en su conjunto, no era sólo una máquina inventada por pocos para hacer papilla a los demás. De algún modo esto es lo que estuvo, creo, detrás del plebiscito que se hizo hace algunos años. No recuerdo la fecha pero en plena euforia de las privatizaciones en América Latina, cuando estaban vendiendo hasta los obeliscos, aquí se hace un plebiscito y 73 por ciento de la población vota en contra de las privatizaciones; entonces los monopolios públicos siguen siendo públicos, teléfonos, luz, todo lo que corresponde a la actividad estatal. Acá la gente no se creyó ese cuento de que las privatizaciones iban a servir para liberar al país de la deuda externa, esa soga que todos tenemos atada al pescuezo, y fue un acierto porque en Argentina, Brasil, México, Chile, donde todo se privatizó, no sólo no hubo libre competencia sino monopolio privado y la deuda externa se multiplicó en medio de una avalancha de capital proveniente de la venta de los servicios y recursos públicos. Ese plebiscito nos salvó de caer en lo mismo.

¿Cómo describes la situación de tu país?
Uruguay está viviendo horas muy difíciles, la globalización nos ha golpeado muchísimo, la industria está arrasada… Poco queda del Uruguay que me hizo y me formó, pero a pesar de eso el país todavía tiene algunas defensas posibles que Argentina no tiene por la sencilla razón de que perdió su economía; si no hay cierto control de los recursos económicos básicos, la soberanía termina reduciéndose a un himno, a una bandera.

Decías que la tragedia de Argentina, una sociedad blanca, culta y bien comida, es hoy el ejemplo de lo que le puede pasar a cualquier sociedad culta y bien comida.
Lo de Argentina hizo estallar las costuras de los esquemas en que el pensamiento único trata de encerrar a la realidad. Pero es sólo un caso. Otro ha puesto en evidencia de manera lastimosa la ignorancia que el llamado mundo occidental, porque habría que ver hasta dónde es occidental, tiene respecto del mundo islámico, de una cultura que abarca más de mil millones de personas y que es víctima de una fabricación de mentiras a escala industrial para desprestigiarla. Yo soy escritor, o me gusta creer que lo soy, y escribo en una lengua que tiene miles de palabras que provienen del árabe y las uso todo el tiempo. Eso me obliga a ser muy cauteloso a la hora de descalificar a esa suerte de "oscura amenaza" a que los medios están tratando de reducir al Islam. Como viví mi exilio en España, puedo dar fe de ese incesante homenaje al agua que es la cultura islámica, por oposición al sombrío mundo de las catedrales del que yo provengo, porque tuve una infancia muy católica, pero eso no me impide abrir los ojos y tratar de ver a los demás, a los otros, a los que creen distinto, opinan distinto, sienten distinto. (El historiador estadounidense Arnold J. Toynbee advierte que las sociedades en decadencia tienden a la uniformidad y las sociedades en ascenso tienden a la diversidad. Cuando una sociedad empieza a declinar, a caerse, a quedarse muda, repite siempre las mismas palabras, sufre una crisis de las ideas que se manifiesta en la repetición...

Deja de pensar con ideas propias, ¿no?
A propósito de lo que pasó el 11 de septiembre, he leído los disparates más colosales. Por ejemplo, la imposibilidad de los organismos de la inteligencia estadounidense para actuar en Afganistán porque no tenía personal "especializado en lengua árabe", pero en Afganistán no se habla árabe, sino pashtún y otras lenguas. O como tantas veces he oído hablar del "peligro árabe" y tomaban por ejemplo a Irán, pero Irán tampoco es árabe, es persa. O cuando se habla de la "religión árabe", pero los árabes son una minoría dentro del Islam y la inmensa mayoría de la población mundial que cree en el mensaje de Mahoma no es árabe. Digo esto como ejemplo de las bobadas que nos repiten cada día hasta que se convierten en verdades imbatibles.

Galeano bebe un sorbito y recuerda:
Fíjate lo que ocurrió ahora en una universidad de Boston. Un profesor me escribe para contarme que tomó de La Jornada un artículo mío sobre el 11 de septiembre llamado El teatro del bien y del mal. Lo metió en Internet, lo distribuyó entre los demás profesores de su college, pero uno de ellos lo denunció ante los directivos; éstos lo acusaron de poner en peligro la seguridad nacional y de allí el caso pasó a los órganos del Estado, que advirtieron que ese artículo mío podía contener mensajes subliminales en código, instrucciones terroristas en código. Ahora este profesor ha tenido que contratar abogados y se ha convertido en objeto de una persecución digna de los tiempos del macartismo.

Entonces —le digo— tú debes estar ya en la lista negra del Pentágono.
Bueno —replica de mal humor—, yo tengo piel de elefante viejo, pero piensa en la situación de ese hombre. Éste es el clima que se está armando en el mundo para echar al fuego todo lo que pueda parecer una duda, una disidencia... Por eso, cada vez es más evidente que hay que inventar algo, un camino de salida porque estamos chocando contra la pared en todas partes y todo el tiempo. Y esperar un milagro, como que me crezca el pelo, eso no es posible. Tenemos que rebelarnos contra esta imposición de la desdicha como destino y tratar de imaginar algo diferente a partir de ciertas certezas que todavía nos quedan.

Fuente: www.elhistoriador.com.ar

Cuadros dentro de cuadros

viernes, diciembre 31

2010: el fin de la naturaleza

El así llamado equilibrio de la naturaleza -que la humanidad destruye brutalmente con su arrogancia- es un mito. Si la ciencia no puede controlar la naturaleza, tal vez deberíamos centrarnos en cambiar cómo vivimos en ella. Los humanos no somos nada más que otra de las especies vivientes sobre la Tierra, y dependemos del delicado equilibrio de sus elementos.

Los grandes desastres ecológicos del 2010 coinciden con el antiguo modelo cosmológico, donde el universo está compuesto por cuatro elementos básicos: aire (nubes de ceniza volcánica de Islandia inmovilizando el tráfico aéreo sobre Europa), tierra (avalanchas de lodo y terremotos en China), fuego (convirtiendo a Moscú en un sitio casi inhabitable) y agua (el tsunami en Indonesia, inundaciones desplazando a millones de personas en Pakistán).

Sin embargo, este recurrir a la sabiduría tradicional no permite ninguna comprensión real de los misterios de los caprichos de nuestra salvaje Madre Naturaleza. Es una forma de consuelo, realmente, que nos permite evitar la cuestión que todos queremos preguntar: ¿la agenda de la naturaleza para el 2011 incluirá más sucesos de esta magnitud?

En nuestra desencantada era posreligiosa y ultratecnológica, las catástrofes ya no se pueden considerar significativas de un ciclo natural o la expresión de la furia divina. Las catástrofes ecológicas - que podemos ver continuamente yde cerca gracias a nuestro mundo conectado las 24 horas, los siete días de la semana-se convierten en las insensatas intrusiones de una ira ciega y destructiva. Es como si estuviéramos atestiguando el fin de la naturaleza.

Actualmente buscamos que los expertos científicos lo sepan todo. Pero no es así, y ahí radica el problema. La ciencia se ha autotransformado en un conocimiento especializado que ofrece una inconsistente gama de explicaciones contradictorias llamadas "opiniones expertas". Pero si culpamos a la civilización científico-tecnológica de muchas de nuestras dificultades, en ausencia de esa misma ciencia no podemos solucionar el daño - sólo los científicos, después de todo, pueden ver el agujero de ozono-.O, como dice un párrafo de Parsifal,de Wagner, "la herida únicamente puede curarse con la lanza que la hizo". No hay regreso a la sabiduría holística precientífica, al mundo de tierra, viento, aire y fuego.

Aunque la ciencia puede ayudarnos, no puede hacer todo el trabajo. En lugar de recurrir a la ciencia para impedir que el mundo se acabe, necesitamos mirar hacia nosotros mismos y aprender a imaginarnos y a crear un nuevo mundo. Es difícil pertenecer a los observadores pasivos que deben permanecer inmóviles mientras se revela nuestro destino, al menos para los que vivimos en Occidente.

Entren al perverso placer del martirio prematuro: "¡Ofendimos a la Madre Naturaleza, así que recibimos lo que merecemos!". Estar dispuesto a asumir la culpa de las amenazas a nuestro medio ambiente es algo engañosamente tranquilizador. Si somos culpables, entonces todo depende de nosotros; podemos salvarnos simplemente cambiando nuestro estilo de vida. Desesperada y obsesivamente reciclamos papel viejo, compramos comida orgánica, lo que sea para asegurarnos de que hacemos algo, que contribuimos. Pero igual que el universo antropomórfico, mágicamente diseñado para la comodidad del hombre, el así llamado equilibrio de la naturaleza - que la humanidad destruye brutalmente con su arrogancia-es un mito. Las catástrofes son parte de la historia natural. El hecho de que las cenizas del modesto estallido volcánico en Islandia hicieran aterrizar a la mayoría de los aviones en Europa es un muy necesitado recordatorio del grado en que nosotros, los humanos, con nuestro tremendo poder sobre la naturaleza, no somos nada más que otra de las especies vivientes sobre la Tierra, y dependemos del delicado equilibrio de sus elementos.

Entonces, ¿qué nos depara el destino? Una cosa es clara: deberíamos acostumbrarnos a un estilo de vida mucho más nómada. El cambio gradual o repentino en nuestro medio ambiente, sobre el que la ciencia puede hacer poco más que emitir advertencias, podría forzar transformaciones sociales y culturales desconocidas. Suponga que una nueva erupción volcánica hiciera inhabitable un lugar: ¿dónde encontrará cabida la gente? En el pasado, los movimientos poblacionales grandes eran procesos espontáneos, llenos de sufrimiento y pérdida de civilizaciones. Actualmente, cuando las armas de destrucción masiva no sólo están en manos de estados sino incluso de grupos locales, la humanidad simplemente no puede darse el lujo de un intercambio poblacional espontáneo.

Lo que esto significa es que se deben inventar nuevas formas de cooperación global que no dependan del mercado ni de negociaciones diplomáticas. ¿Es un sueño imposible?

Lo imposible y lo posible explotan simultáneamente en el exceso. En los reinos de la libertad personal y la tecnología científica, lo imposible es más y más posible. Podemos cobijar la esperanza de mejorar nuestras capacidades físicas y psíquicas; de manipular nuestras características biológicas vía intervenciones en el genoma; de lograr el sueño tecnognóstico de la inmortalidad codificando las características que nos distinguen y alimentando el compuesto de nuestra identidad en un programa computacional.

En lo que respecta a las relaciones socioeconómicas, empero, percibimos nuestra era como una era de madurez y, por tanto, de aceptación. Con el colapso del comunismo, abandonamos los antiguos sueños utópicos milenarios y aceptamos las limitaciones de la realidad - esto es, una realidad socioeconómica capitalista-con todas sus imposibilidades. No podemos participar en actos colectivos grandes, que necesariamente terminan en terror totalitario. No podemos aferrarnos al antiguo Estado benefactor, que impide que seamos competitivos y nos lleva a crisis económicas. No podemos aislarnos del mercado global.

A nosotros nos resulta más fácil imaginarnos el fin del mundo que un cambio social serio. Como prueba, las numerosas películas taquilleras sobre la catástrofe global y la conspicua ausencia de producciones sobre sociedades alternativas.

Tal vez sea tiempo de revertir nuestro concepto de lo posible y lo imposible; tal vez debiéramos aceptar la imposibilidad de la inmortalidad omnipotente y considerar la posibilidad del cambio social radical. Si la naturaleza ya no es un orden estable confiable, entonces nuestra sociedad también debería cambiar si queremos sobrevivir en una naturaleza que ya no es una madre buena y protectora, sino una madre pálida e indiferente.

© Slavoj Zizek
Distribuido por The New York Times Syndicate
Fuente: La Vanguardia.

lunes, diciembre 27

Todo por un color

Por Hugo Asch para diario Perfil

“El color me posee, el color y yo somos uno” Paul Klee (1879-1940)

Ahí están. Los jugadores de Independiente con el mismo inexplicable azul que a veces usa Huracán, el Estudiantes de Verón en elegante gris, Messi vestido con un naranja flúo de operario municipal; Zanetti, blanco como de comunión… ¿Qué es esto? ¿Quién les cambió los colores, muchachos? ¿Para qué equipo juegan? ¿Qué hago yo con mi bandera de toda la vida? ¿De donde habrá salido ese horrible travestismo cromático, me pueden explicar?

Sí, ya sé. Las camisetas alternativas son un invento marketinero para sorprender, vender en el mercado masivo aún como prenda de vestir y cambiar pronto de diseño para imponer el próximo. Muy bien. Una idea ingeniosa, brillante. Pues sepan que la detesto. Es otra herencia de estos fucking tiempos posmodernos: uno no sabe ya para quién está hinchando, o peor aún, ni siquiera le importa.

Hace un millón de años, Racing ganaba la Supercopa con un modelo celeste con vivos blancos muy bonito que solo pretendía neutralizar la histórica malaria que arrastraba la camiseta tradicional. Hasta ahí, suena aceptable. Es que todos somos chicos de 10 años cuando la pelota rueda: ingenuos, inseguros, supersticiosos, llorones. Intolerables. Pero atención, al menos ese diseño respetaba la identidad. No era fucsia, amarillo como los carteles de Macri –que el Altísimo no lo permita: ¡ese tono es mufa, juran en el teatro!–, verde agua, marrón habano o colorado fuego. Y eran mis colores, no otros. Y ojo que con eso, hombres y mujeres de mi patria, no se juega.

El color es algo esencial en la vida. Recuerdo una entrañable conferencia de Borges en el Teatro Coliseo, en 1977, en donde habló largamente de su ceguera y los colores. De cómo los añoraba y cómo los fue perdiendo de a poco, sumergido en una bruma gris, sin negro. El color amarillo –el de Borges, no el de Macri–, que jamás lo abandonó y era su preferido desde niño, cuando se pasaba horas frente a la jaula del tigre en el zoológico; el verde que también podía ser azul, el azul que podía ser verde y la ausencia total del rojo, devenido en un melancólico marrón.

“Por un color / solo por un color / no somos tan malos / ya la cancha / estalla en nada”, canta Luis Alberto Spinetta en su La Bengala Perdida (1988). Una canción que surgió del incidente donde murió el hincha Roberto Basile (“la bengala perdida se le posó / allí donde se dice gol”) y de una anécdota que gira sobre la poética pasión por los colores de tipos tan sensibles como Rambo en un cumpleaños vietnamita.

A mediados de la década de los ochenta, Spinetta estaba en Córdoba, donde iba a tocar. Sin mucho que hacer en el hotel, salió a caminar y pasó distraídamente frente a un umbral donde dormitaban unos hinchas cubiertos por una bandera de Rosario Central, que esa noche jugaba contra Talleres. Habían llegado en un camión y paraban en la calle. Uno de ellos lo reconoció, pegó el grito y todos corrieron a saludarlo. Abrazos, aplausitos, pedidos de alguna moneda, esas cosas. Después, uno preguntó:

–¡Grande, Flaco! ¿Cuándo vas a hacer un tema para nosotros los barras, papá?

–No sé, loco. Ustedes están peleándose todo el tiempo. ¿Qué querés que diga?

El hincha suspiró, sonrió y movió la cabeza hacia el costado, como un perro que escucha un violín. Parecía más dolido que ofendido. Esperó unos segundos antes de responder.

–No, Flaco, no, vos no nos entendés. Nosotros lo hacemos todo por amor. Por amor a los colores…

Amor a los colores. ¡Wow! Spinetta quedó shockeado por esa frase de involuntaria poética. Y así compuso aquel conmovedor tema que mucho ayuda a comprender el misterio del fútbol. Ese imán de pasiones insensatas y amores dementes, tan liberador del niño que todos llevamos adentro… y del enano fascista que también vive por ahí. Un deporte devenido en negocio que, pese a todo, se sostiene ontológicamente con el amor más puro e inocente. El amor por un color.

Ya lo escribí en este mismo espacio y volveré a repetirlo. No soporto que los jugadores se arrancan la camiseta y la revolean para festejar. Ay, ay, ay. Lo diré una vez más: me importan un rábano sus espantosos tatuajes y las emotivas dedicatorias a novias, hijos, madres, tías o mascotas con moquillo. Ese gol es mío, ¿capisce? Mío, o lo que es lo mismo, de esa amada camiseta, la de siempre, ¡que es la única razón por la cual los estoy mirando jugar, maldito sea!

La misma camiseta que dibujaba torpemente a los 4 años, la que me puse a los 6 con mis Sacachispas y los pantaloncitos y medias haciendo juego, cuando a nadie le importaba la marca. ¿Qué marca? Lo importante era el contenido. La esencia. La pertenencia, esa patria.

Ningún sponsor, ningún nombre en la espalda salvo el número, del 1 al 11, que para un futbolista de ley sigue siendo su declaración de principios, su lugar en el mundo. Yo “soy” Perfumo con la 2 y esos colores, aún hoy, aunque le pegue con los tobillos y no pare a nadie. Nada de mercadeo, carteles, fiestas de campaña y papelitos de colores. Pura ideología, pura convicción. Puro Ser. Nos basta con eso, compatriotas.

Y nos sobra.

viernes, diciembre 24

San Nicolás y las monedas de oro

Por Lucía Gálvez
Para ADN Cultura

La Navidad trae un mensaje de esperanza, renovado año a año y dirigido a todas las personas de buena voluntad. Es un paréntesis en el cual el mundo cristiano vive la ilusión de alcanzar la paz encarnada en un recién nacido.
A partir del siglo IV, la Navidad empezó a festejarse el 25 de diciembre, en reemplazo de la fiesta romana del "Sol invictus". El símbolo era claro: el nacimiento de Jesucristo representaba la victoria de la Luz contra las tinieblas del Mal.
Durante la Antigüedad y la Edad Media, el misterio de la Navidad se acercó al pueblo desde las imágenes de iglesias y catedrales bizantinas, románicas y góticas hasta las maravillosas miniaturas de los libros de horas. Cuando Francisco de Asís, en la Navidad del 1223, recreó en el santuario de Greccio el primer pesebre viviente, no hizo más que corporizar una imagen muy conocida y querida que se propagó en Europa para pasar con la misma fuerza a América.
Como toda celebración humana, la Navidad se ha expresado a través de música, bailes y canciones; comidas, bebidas y regalos entre los seres queridos. Cada pueblo puso su nota de color en el escenario navideño. El nuestro fue heredero de la riquísima tradición española con alegres villancicos cantados ante el pesebre al ritmo de panderos, flautas y tamboriles.
Los primeros misioneros franciscanos y jesuitas supieron adecuar esta tradición a las distintas comunidades indígenas prehispánicas, sin desdeñar influencias autóctonas. Según el padre Lozano, historiador jesuita del siglo XVIII, el primer pesebre realizado en territorio argentino fue el que modelaron los omaguacas con arcilla de colores de los cerros, dirigidos por el padre Garpar de Monroy, durante la Navidad de 1594 en el mágico pueblito de Purmamarca. Antes aun, en 1585, el padre Alonso Barzana, también jesuita, había hecho pesebres vivientes en las comunidades indígenas del Tucumán. En la región de Santiago del Estero y en todo el Noroeste, fue San Francisco Solano quien mayor impulso dio a las celebraciones navideñas.
En una carta de 1613, el padre Cataldino, misionero del Guayrá, cuenta el entusiasmo de los indios ante el pesebre montado por los padres. Y el padre Sepp, natural del Tirol, afirma en 1701 que los guaraníes llevaban al Niño miel, zapallos y otros productos mientras cantaban y bailaban en su honor.
En el siglo XVIII se pusieron de moda en Córdoba unos niños Jesús o "belenes" de fina hechura, conservados bajo una campana de cristal. Toda clase de objetos diminutos y bellos rodeaba las figuras: eran los juguetes del Niño. En Jujuy, desde tiempos inmemoriales, chicos y adultos bailan por turnos la danza de las cintas, después de haber cumplido con la adoración del Niño.
Tanto en el Norte como en Cuyo y el Litoral, la tradición más destacada es el armado del pesebre con toda clase de elementos de la flora autóctona: pasto fresco y musgo; ramas, pencas y cardones; huevitos de pájaros, caracoles, mica, etc. Agustín Zapata Gollán hace una evocadora descripción de los antiguos pesebres santafecinos que "cobraban su mayor encanto en las primeras horas de la noche, cuando a la luz de lámparas y mecheros brillaban las estrellas de papel plateado que tachonaban un cielo de bambalina". En esas horas misteriosas en que los ángeles anunciaran a los pastores el nacimiento del Niño, los ojos infantiles miraban asombrados y unían a ellos sus canciones de alabanza. El Santos Vega de Ascasubi trae la pintoresca descripción de un pesebre bonaerense construido en la iglesia del pago de Pergamino en 1805. Un paisano cuenta que vio "tres reyecitos: / un blanco, un negro y un indio... / montados en un cebruno, un alazán y un tordillo" que traían ropa para el Niño, vestido sólo con "un chiripacito".
Algunas familias de origen inglés o alemán iniciaron a fines del siglo XIX una tradición del norte de Europa, que se propagaría por todo el país: el árbol de Navidad. En sus orígenes germanos, simbolizaba el árbol de la vida cargado de frutos mágicos. Los misioneros lo adaptaron al cristianismo agregándole la estrella de Belén. Las multitudes que fueron llegando de otros países a fines del siglo pasado y principios del XX aportaron nuevas tradiciones.
Hacia mediados del siglo pasado, se suscitó una discusión sobre quién traía los regalos: ¿el Niño Dios o Papá Noel-Santa Claus? Este personaje que hizo irrupción con una parafernalia de trineos, renos, nieve, bolsas de juguetes, ropas rojas, barbas blancas y carcajadas extemporáneas no era otro que el obispo san Nicolás de Bari, anacrónicamente vestido, quien acostumbraba tirar monedas de oro por las ventanas a las doncellas sin dote. Nunca hubiera imaginado el éxito que iba a tener su personaje en una sociedad en la que el consumo excesivo impide a muchos ver lo trascendente. La sociedad parece haber olvidado que el origen de esta fiesta es el nacimiento de un niño Dios en un pobre establo y no el jolgorio del palacio de Herodes. Lejos del espíritu navideño, el resentimiento y la falta de comprensión nos amenazan con males mayores. Nos queda la esperanza de que los valores de una Argentina que trabaja y estudia triunfen sobre la intolerancia y la violencia.

viernes, diciembre 17

Cuadros dentro de cuadros

Ecosistemas amenazados: un problema global

Un informe divulgado en la reciente cumbre de Cancún, "Gráficos Vitales del Cambio Climático para América Latina y el Caribe", elaborado por agencias de las Naciones Unidas, señaló que los daños en la región en los últimos 10 años generaron costos estimados de más de 40.000 millones de dólares.

El reporte de la Comisión Económica para América Latina y del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente advirtió que los efectos del cambio climático podrían intensificarse en el próximo siglo, en caso de que no se realicen acciones para mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero y no se invierta en la adaptación de nuevas condiciones climáticas.

BUSCANDO UNA SOLUCIÓN

Algunos expertos dicen que crear una "Lista Roja" global de los ecosistemas en vías de extinción podría ayudarles a detectar las crisis causadas por el cambio climático y colocaría la lupa sobre las áreas que deben ser manejadas como una prioridad.

Luz Esther Sánchez, bióloga marina y ecologista, señaló que a lo largo de la costa del Lago de Maracaibo en Venezuela, residuos repletos de sedimentos y pesticidas fueron asfixiando a los animales que alguna vez habitaron entre las raíces de los manglares.

La científica estuvo estudiando esas zonas muertas y aseguró que para salvar a los manglares se necesita un esfuerzo exhaustivo que reduzca la contaminación de las aguas y detenga la destrucción de las selvas montaña arriba. "Sería muy útil para la conservación del ecosistema de manglar que se declarara amenazado. La gente sale defendiendo los delfines, las tortugas, pero yo nunca vi que defiendan el bosque con la vehemencia con la que se defiende a una especie", agregó.

¿CÓMO DETECTAR LAS AMENAZAS?

Un grupo internacional de biólogos estuvo desarrollando un sistema para clasificar las amenazas a los ecosistemas. En octubre presentaron un plan preliminar en una conferencia de las Naciones Unidas sobre la biodiversidad, celebrada en Nagoya, Japón.

"Si podemos lograr un sistema científico bueno, riguroso, que sea relativamente fácil de monitorear globalmente, podríamos seguir estos cambios, describirlos y hacer sonar la alarma en los lugares en los que las cosas podrían ir mal", afirmó el conservacionista holandés Piet Wit.

Este experto es el presidente de la Comisión para el Manejo de Ecosistemas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, por sus siglas en inglés), organización que mantiene una "lista Roja" de miles de plantas y animales en peligro, un estándar internacional.

Algunos científicos, sin embargo, advierten que ponerse de acuerdo sobre las categorías precisas para diferenciar los hábitats sería una tarea prácticamente inabordable, aunque sí coinciden en que algunos ecosistemas que están amenazados o en peligro, como múltiples arrecifes de coral, praderas en el sur de Rusia o la selva atlántica de Brasil podrían protegerse.

Otros, como el experto en la prevención de desaparición de especies de la Universidad de Duke Stuart Pimm, consideran que se trata de una buena idea, pero tiene dudas sobre cómo podría ponerse en práctica.

"Generalmente tienes que el deterioro de los ecosistemas ocurre primero, y luego el declive de las especies", dijo Jon Paul Rodríguez, un biólogo experto en conservación de Venezuela, quien dirige el grupo de trabajo de la IUCN.

DATOS ALENTADORES

Un estudio publicado en noviembre, durante la conferencia de la ONU en Japón, encontró que los esfuerzos para salvar a los animales en peligro se estaban haciendo sentir. El reporte concluyó en que docenas de especies amenazadas de la “Lista Roja” mejoraron su situación, y que el camino hacia la extinción habría podido ser un 20% más rápido de no haberse tomado medidas para su preservación.

La lista de hábitats destruidos por el hombre se incrementó, pero actualmente algunos esfuerzos para salvar especies amenazadas parecen estar funcionando. Las ballenas jorobadas, por ejemplo, lograron pasar de ser "vulnerables" a tener un riesgo bajo de extinción gracias a la prohibición internacional de su caza comercial.

"Las Listas Rojas de las especies tuvieron un enorme éxito, por lo que tenemos razones para pensar que si se hacen las de los ecosistemas podrían tenerlo también, y podrían complementarlas", aseguró Kathryn Rodríguez Clark, una ecologista y especialista en conservación del Instituto Venezolano de Investigaciones científicas, que colabora con el esfuerzo de la IUCN.

Los científicos que proponen la lista global de ecosistemas aspiran a que la propuesta sea adoptada formalmente por la IUCN en el 2012. Luego vendría el proceso de ponerse de acuerdo sobre las listas y el trazado de un mapa de lugares amenazados.

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