jueves, noviembre 25

¿La inseguridad se relaciona con que hay pocos presos?

Por Alejandro Gaggero

INSOSTENIBLE
En una nota publicada en La Nación, el economista Orlando Ferreres echa mano a las estadísticas para demostrar que la población carcelaria del país es baja. Pero las conclusiones son insostenibles.

En una columna publicada en La Nación el martes último, el economista Orlando Ferreres afirmó que en la Argentina existen niveles crecientes de inseguridad, y sugirió que el problema está relacionado, en parte, con la aplicación de pocas sanciones contra el delito. Para desarrollar su argumento, el autor comparó el porcentaje de personas encarceladas sobre el total de la población en distintos países, lo que demostraría que la Argentina tiene una proporción baja de presos. Por supuesto, según Ferreres, ella debería ser más alta. Sin embargo, de acuerdo con los datos que presenta, la comparación que plantea es engañosa y la conclusión, insostenible.

A partir de datos del International Centre for Prison Studies de la Universidad de Londres, el economista señala que la población penitenciaria del país –excluyendo a los presos de las comisarías- es de 55.000 personas encarceladas, lo que equivaldría al 0,14% de la población total. Ferreres destaca que en Estados Unidos esa proporción llega a 0,76% y a continuación, compara cuántos presos debería haber en Argentina si se tomara el mismo coeficiente: “Si aplicáramos la misma regla que en aquel país (EE.UU.), deberíamos tener 304.000 presos; o sea, que andarían sueltos unos 250.000 delincuentes según este criterio”.

El economista refuerza la idea de que en el país podría haber muchos delincuentes en libertad mediante un cuadro titulado “Presos que debería tener Argentina -si aplicara igual proporción de presos sobre población total que tienen otros países-“:

Según el autor del artículo, “este cuadro nos indica que puede haber muchos delincuentes libres según el criterio que apliquemos, tanto si tomamos el modelo americano, el ruso, el cubano o el de los países vecinos más cercanos a nuestra idiosincrasia [SIC]”. El razonamiento no resulta sólido, ya que la cantidad de presos que “debería tener un país” no puede deducirse de la que tienen otros países -con sistemas legales diferentes- sino de la cantidad de delitos que se cometen efectivamente (dato que está ausente en el artículo).

La nota presenta otros puntos discutibles. En primer lugar, se comparan los datos de la Argentina con los de Estados Unidos, pero no se menciona que ese país es, por lejos, el que tiene la mayor tasa de población carcelaria del mundo, tal como señala el último informe del Centre for Prison Studies. Algo similar sucede con Rusia, uno de los primeros en el ranking mundial que elabora ese centro académico.

En segundo lugar, en la comparación con otros países que aparece en el cuadro publicado en La Nación, la Argentina figura como el de menor proporción de habitantes presos (0,14%). Pero Ferreres omite datos del propio informe que cita. Dicha fuente muestra que, en realidad, la Argentina ocupa una posición intermedia en el ranking sudamericano, en el cual Brasil y Chile –los dos países incluidos en el cuadro de Ferreres- son los de índices más altos, y Venezuela y Paraguay los de los más bajos. Tampoco mencionó Ferreres los casos de Bolivia, Ecuador, Perú y Colombia, con índices más bajos que la Argentina.

El artículo tampoco habla de la evolución de la población carcelaria en el tiempo. En el caso de la Argentina este factor resulta importante, ya que en los últimos años ha experimentado un importante incremento. Entre 1998 y 2005 la cantidad de personas privadas de su libertad se duplicó (ver nota de La Nación).

Por último, también resulta discutible una idea que recorre todo el artículo: para combatir la inseguridad es conveniente, de por sí, tener una alta tasa de población carcelaria. Sin embargo, según Bernardo Kliksberg, asesor principal de la Dirección Regional para América Latina y el Caribe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), “no hay ninguna correlación establecida entre el aumento del número de personas tras las rejas y la disminución del delito a mediano y largo plazo”.

En un artículo recientemente publicado el especialista señala: "Estados Unidos tiene el promedio más alto del mundo entre los países ricos, de presos en relación con su población y, al mismo tiempo, es el país desarrollado con mayor índice de homicidios. Holanda tiene 87 presos cada 100.000 habitantes y Suecia 59, con índices de homicidio mucho menores que los estadounidenses”.

Fuente: www,chequeado.com

viernes, noviembre 12

Dosis de Mafalda

Campanella: “El 50% de los chicos no termina la escuela”

En el marco de la presentación del programa educativo “Yo puedo, vos podés”, el cineasta Juan José Campanella hizo foco en la deserción escolar para hacer referencia a “un problema de Estado” y promocionar el nuevo ciclo televisivo que narra la historia de ocho estudiantes que padecen este flagelo. “Casi el 50% de los chicos no termina la escuela en nuestro país, […] estamos teniendo una falencia seria: el tema de la educación no está en la agenda de nadie”, subrayó el director de la película ganadora del Oscar “El secreto de sus ojos”.

De acuerdo con las cifras oficiales la afirmación del cineasta es correcta. A pesar de que la Ley de Educación Nacional de 2006 hizo obligatorio el secundario, todavía la tasa de abandono es importante.

La Dirección Nacional de Información y Evaluación de la Calidad Educativa (Diniece), del Ministerio de Educación, realiza cada año un relevamiento para reunir información nacional sobre los principales índices del sistema educativo. Uno de ellos es la tasa de egreso en la educación común (educación pública y privada). Este índice mide el porcentaje de alumnos matriculados en primer grado, que logra terminar todos los años de estudio, sin importar la cantidad de repeticiones posibles.

El último relevamiento muestra que, como afirma Campanella, en la Argentina apenas el 52,91% de los estudiantes logra finalizar la secundaria. En el nivel primario, en cambio, el porcentaje de abandono no llega al 5 por ciento.

www.chequeado.com

lunes, noviembre 1

Los lectores se hacen con libros

Por Ema Wolf

Me parece simplificador hablar de "productos globalizados". Suena a etiqueta preventiva: contiene aditivos, manténgalo alejado de los niños. No todo lo globalizado es malo. Ni lo artesanal es necesariamente bueno. Es llamativa la desconfianza con que se mira a Harry Potter, por ejemplo, cuando es mejor que mucho de lo que leíamos -recortado, adaptado, mal traducido- en la venerada colección Robin Hood. A veces nos olvidamos de la chatarra no globalizada que consumíamos de chicos, que sin embargo no impidió que nos convirtiéramos, con tiempo y oportunidad, en receptores más exigentes.
El gran tema es, como en todas las cosas, poder discernir. Y poder discernir sin prejuicios. El espacio se lo van a proporcionar la educación escolar y el entorno. Con las limitaciones que ambos tienen, sabiendo que quien rodea al chico está condicionado a su vez por su propia educación. Si la familia consume Tinelli, ¿por qué preocuparse si sus hijos consumen Barbie?
Yo no le prohibiría nada a un chico, ni lo tendría en una jaulita alimentado a Borges. Trataría de abrirle todos los espacios posibles pero le enseñaría a acercarse críticamente a ellos, discutirlos, involucrarse en el valor de lo que recibe. Entonces vuelvo la mirada hacia la educación, por donde todos pasan: hay que reforzarla, hacerla más apta. Mi generación fue testigo y víctima del deterioro que se inició en el 66, más todo lo que nos pasó luego, que nos dejó mancados (ojo: no marcados), muy indefensos. Si no es la educación, no veo qué otra cosa puede romper ese vicioso ida y vuelta. No importa tanto, en definitiva, qué ponen delante de uno sino cómo podés pararte frente a eso, cuál es tu margen para discriminar.
Cuando escucho "los chicos leen menos que antes", nunca sé a qué "antes" se refieren: si a doscientos años atrás o cincuenta. Que los chicos dedican menos tiempo a los libros que cuando los libros eran el único vehículo cultural es obvio. No sé por qué genera tanta ansiedad que adopten otros consumos: están allí, en la sociedad que les ofrecimos cuando llegaron al mundo.
Decir "ya no leen" es otra cosa. Es suponer no sólo que no leen libros sino que tampoco frecuentan otras formas de lectura en otros soportes igualmente válidos. Yo creo que los chicos están interesados en leer, incluso libros, si los dejan, es decir, si les brindan las condiciones. Hacer una autocrítica de estas condiciones demandaría muchas páginas; señalo una sola que, insólitamente, pasa casi inadvertida: la provisión de libros al alcance de los chicos es raquítica. Y los lectores se hacen con libros, no tanto con simposios de promoción de la lectura. Últimamente se han comprado muchos libros para las escuelas, pero aun así creo que estamos tratando de promover la lectura con un 10% de los que hacen falta.

ADN Cultura

El consumo en números

El 100% de los niños está expuesto a la televisión
El 54% a la radio
El 64% a Internet
El 46% a revistas de historietas
El 54% a libros
El 55% a revistas infantiles no de historietas
El 34% a diarios
El 29% tiene una alta exposición a la televisión (más de 30 horas por semana)
El 32% a la radio
El 41% a internet
El 9% a revistas de historietas
El 15% a libros
El 7% a revistas infantiles no de historietas
El 10% a diarios
El 39% compró o le compraron un CD en el último mes
El 31% alquiló o le alquilaron una película en DVD en el último mes
El 63% compró o le compraron una película en DVD en el último mes
El 23% fue al cine en el último mes
Cuando se les pregunta cuáles son los tres personajes favoritos:
El 97% menciona personajes de la televisión
De ellos:
El 18% menciona a Ben 10
El 17% a Bart Simpson
y el 15% a Homero Simpson
El 74% tiene una banda o cantante favorito
El 36% elige a Daddy Yankee, seguido por los Jonas Brothers ( 10% ) y Hannah Montana ( 8% )
El 40% tiene un deportista favorito.
De ellos, el 25% menciona a Lionel Messi, el 14% a Martín Palermo y el 11% a Martín del Potro.

Fuente: Informe Kiddo´s 2009-2010, realizado por la consultora Markwald, La Madrid & Asociados, entre 1203 niños de 6 a 11 años de GBA, Córdoba, Rosario y Mendoza

ADN Cultura

martes, octubre 19

Graffiti

“La Argentina, donde el asombro se quedó sin ejemplos”.

de Adolfo Castello

viernes, octubre 15

De Cornelius Castoriadis

El primero es que la evolución de las sociedades modernas tiende
a destruir todas las oportunidades de socialización significativa.
Por ejemplo tiende a destruir las ciudades: destruye los barrios,
y hasta tiende a destruir la empresa como lugar en donde la
gente puede socializarse. El capitalismo moderno esta casi a punto
de lograr la “hazaña” de destruir una de las creaciones mas
geniales de la humanidad desde hace mil años: la ciudad. La
ciudad actual está destruida porque está cada vez mas fragmentada.
Está fragmentada en tres grandes pedazos que viven entre
si relaciones absolutamente exteriores: las zona de comercios,
oficinas, etc, la zona residenciales ricas y los guetos . Pero la
suma de estas tres cosas no hacen una ciudad. Ahora bien, todos
los movimientos sociales importantes que se han conocido
siempre se apoyaron sobre socializaciones y colectivizaciones
existentes. Tanto los movimientos campesinos como los obreros,
partían del campo o de las empresas. Las insurrecciones del
siglo XIX partian de los barrios obreros. La cuestión que se plantea
ahora entonces es de qué manera una sociedad atomizada
como es la contemporánea puede convertirse en la fuente, en el
origen, de movimientos colectivos democráticos. Siendo que las
personas se ignoran totalmente y son extraños u hostiles unos a
otros.
Y la segunda cuestión es mas pesada, es la que concierne a la
apatía actual, al giro hacia el consumo. Todo el mundo sabe que
las sociedades contemporáneas occidentales son las primeras
sociedades en la historia de la humanidad en que la religión ya no
juega un rol central (y ciertamente no soy yo quien lo lamenta).
Las religiones a su manera mistificadora siempre jugaron un rol
importante, fundamental en la institución de las sociedades. No
simplemente como decía Marx que le daba un complemento de
justificaciones solemnes al orden social existente. Es algo mas
profundo que eso. Ocurre que el hombre es un animal que busca
el sentido, un “animal” que vive bajo el sentido. Y qué era lo que
le proveía el sentido a la vida humana en las sociedades pasadas:
la religión. Esa manera de darle sentido a la vida es la expresión
misma de la heteronomía. La base de toda religión es el mandamiento
divino y es por eso que imponen éticas heterónomas a los
hombres, y que crean sociedades heterónomas: porque no sólo
los mandamientos sino el sentido de la vida viene de la concordancia
de la vida individual con el espíritu de la religión.
Bueno eso ahora terminó. Es por eso que asistimos a tentativas
de retorno ya sea a fuentes de estilo religioso. Por ejemplo en los
países islámicos o la India donde la poblaciones rehusan la aceptación
del sentido que implica la modernidad, una modernidad
que no puede ofrecerles otra cosa mas que consumo, e incluso
tampoco les da eso. El consumo, la televisión y todos esos fenómenos
son agentes de compensaciones con respecto al vacío
del sentido de la vida contemporánea. Si no se sabe por qué se
vive ni por qué se va a morir entonces se compra un nuevo auto;
se busca el sentido... por televisión. Todo esto quiere decir que
para que haya un cambio en las actitudes políticas, es necesario
que a la vez la gente reconozca el vacío de esta “puesta en sentido”
y que descubra que poseen la capacidad de darle ellos mismos
el sentido a su vida. Y que por lo tanto pase a la acción
colectiva que podrá permitir la creación de una sociedad en la
que cada uno pudiera dar el sentido que cree que tiene su vida y
su muerte.
Esas son las dos grandes cuestiones que yo creo que hay que
plantearse cuando se mira la sociedad contemporánea. No para
extraer conclusiones pesimista u optimistas, sino para tratar de
ser lúcido, con relación a las posibilidades de evolución y en
relación al verdadero problema político. Porque es un problema
político reconstituir la colectividad. Y es un problema político
reflexionar sobre una sociedad donde por primera vez no habrá
significaciones impuestas de manera heterónoma sino que la sociedad
podrá ella misma crear sus significaciones e investirlas,
apasionarse por ellas, amarlas, sabiendo a la vez que constituyen
una obra humana y que no han caído del cielo.