Por Roberto Guareschi
La libertad de Internet está en juego. Me apuro a decir que este artículo no se refiere al zafarrancho del Poder Ejecutivo con Cablevisión. Se refiere a la organizada ofensiva que las proveedoras de Internet han lanzado en EE.UU. para terminar con la Internet que conocemos: libre e igual para todos.
Esta ofensiva propone darles a las grandes corporaciones de la comunicación la potestad de rechazar ciertos contenidos, darles paso a otros y cobrar precios diferenciales. En suma, crear una Internet especial, veloz y cara, que de hecho define a otra barata y pobre. Imaginen algo parecido a la TV por cable con paquetes premium y paquetes anémicos.
No es una campaña cualquiera. Tiene la fuerza de convicción de miles de millones de dólares y el apoyo de Google, hasta antes de ayer principal adalid de la Internet libre, hoy aliada con Comcast, primera operadora de cable y proveedora de Internet en EE.UU. Ambas acaban de difundir una propuesta a los legisladores.
Internet nació libre y se mantuvo así hasta ahora. Era la primera gran revolución cultural desde la invención de la imprenta. Porque era libre, llevó más lejos la difusión del conocimiento, la capacidad de conectarnos instantáneamente sin intermediarios. Esa libertad e igualdad (la llamada “neutralidad“) permite aún hoy que todo lo transportado por Internet tenga igual tratamiento, no importa si lo emite una gran empresa, un gobierno o un individuo. Por eso Internet se ha convertido en una de las tramas esenciales de la vida y lo será cada vez más porque todos los medios convergerán en Internet.
Valiosísimo territorio. Por eso, precisamente, se abrió ahora este campo de batalla. Google y Comcast se esforzaron por disimular su uso abusivo de una posición de poder. Sostienen que su propuesta a los legisladores se limita a la Internet móvil. Un disimulo sin patas: casi todo será móvil en pocos años. Unos viajarán en primera y otros en segunda, tercera, etc. A los más pobres se les hará cada vez más difícil subir. Lo que se resuelva en EE.UU. influirá acá y en casi todo el mundo.
Algunos especialistas dicen que Internet no tiene por qué tener un estatus diferente del de otros servicios públicos (hay telefonía, TV por cable, salud, de distintos precios). Pero en EE.UU. sólo una pequeña parte de la población puede elegir entre más de dos prestadoras de servicios de Internet.
De todos modos, aunque hubiera una efectiva competencia que diera libertad de elección e impidiera la fijación de precios, me inclino por una Internet libre y “neutral“, aquella que ya ha dado voz e influencia a movimientos sociales, a minorías, la misma que está dando nacimiento a nuevas formas de producción de contenidos y de riquezas. No digo que la lucha por el poder se resuelve en los medios. Los medios son una herramienta muy valiosa en esa lucha que se define en otros ámbitos: en la economía, sobre todo. No creo que Internet sea el gran nivelador. Los que más tienen más pueden, también en Internet. Pero, para quienes menos poder tienen, es una herramienta para pelear por esa nivelación.
Creo que la mayoría de los legisladores estadounidenses se pondrá a favor de esta ofensiva. Los empuja la vitalidad y, en algunos casos, el dinero de las grandes corporaciones. Es aleccionador ver ese dinamismo intacto después del golpazo que las corporaciones financieras le dieron al mundo con su imprevisión y su angurria (las hipotecas basura).
Este avance por la conquista y parcelización de Internet es un avance sobre la libertad de expresión. Por eso, también es una amenaza al periodismo que queremos construir. El acceso a Internet debe ser considerado un derecho humano, como ya se ha dicho. Si Google y Comcast se imponen, podrán decidir qué información reciben los usuarios y cuál no. Google y las prestadoras no están solas; las acompañan corporaciones relacionadas con ellas: los grandes bancos, entre otras. El futuro de Internet está en las manos de los legisladores estadounidenses. Y en los brazos forzudos de las grandes corporaciones mundiales; un desenlace que les ponga límite sería una revolución.
www.robertoguareschi.com
Decía Walter Benjamín que un libro de citas de otros, sería un libro perfecto, ya que estas enriquecen lo nuestro y convierten nuestra obra en una “obra colectiva”. Lejos de la perfección se encuentra esta iniciativa, pero si vale como lugar donde compartir distintos textos, con el sentido de entender este día a día que nos toca en el mundo. La intención no será cambiarlo, sólo la de tratar de entenderlo.
domingo, agosto 22
El libro no morirá
Por Umberto Eco,
Durante la última cumbre de Davos, en 2008, se le preguntó a un futurólogo sobre los fenómenos que alterarían a la humanidad en los próximos 15 años y éste propuso que se consideraran esencialmente cuatro, que le parecían seguros. El primero, que un barril de petróleo costaría quinientos dólares. El segundo concernía al agua, destinada a convertirse en un producto comercial de intercambio exactamente como el petróleo; en fin, que veremos las cotizaciones del agua en la Bolsa. La tercera previsión atañía a Africa, que en las próximas décadas, según el futurólogo, se convertiría con toda seguridad en una potencia económica, un hecho que todos esperamos. El cuarto fenómeno, según este profeta profesional, era la de-saparición del libro. A estas alturas, por lo tanto, se trata de saber si la desaparición definitiva del libro, si de verdad llegara a producirse, podría entrañar para la humanidad las mismas consecuencias que la penuria programada del agua, por ejemplo, o que la inaccesibilidad del petróleo.
Umberto Eco: ¿El libro desaparecerá a causa de la aparición de Internet? Escribí sobre este tema hace tiempo, es decir, cuando la pregunta parecía pertinente. A estas alturas, cada vez que alguien me pide que me pronuncie al respecto, no puedo sino repetir el mismo texto. En cualquier caso, nadie se da cuenta de que me repito, porque no hay nada más inédito que lo que ya se ha publicado y, además, porque la opinión pública (o por lo menos los periodistas) tienen siempre la idea fija de que el libro desaparecerá (o quizá los periodistas piensan que son los lectores los que tienen esa idea fija) y todos formulan incansablemente la misma pregunta. En realidad, hay poco que decir al respecto. Con Internet hemos vuelto a la era alfabética. Si alguna vez pensamos que habíamos entrado en la civilización de las imágenes, pues bien, el ordenador nos ha vuelto a introducir en la galaxia Gutenberg y todos se ven de nuevo obligados a leer. Para leer es necesario un soporte. Este soporte no puede ser únicamente el ordenador. ¡Pasémonos dos horas leyendo una novela en el ordenador y nuestros ojos se convertirán en dos pelotas de tenis! En casa, tengo unas gafas Polaroid que me permiten proteger los ojos de las molestias de una lectura constante en pantalla, pero no es una solución suficiente. Además, el ordenador depende de la electricidad y no te permite leer en la bañera, ni tumbado de costado en la cama. El libro es, a fin de cuentas, un instrumento más flexible. Ante la disyuntiva, hay una sola opción: o el libro sigue siendo el soporte para la lectura o se inventará algo que se parecerá a lo que el libro nunca ha dejado de ser, incluso antes de la invención de la imprenta. Las variaciones en torno al objeto libro no han modificado su función, ni su sintaxis, desde hace más de quinientos años. El libro es como la cuchara, el martillo, la rueda, las tijeras. Una vez que se han inventado, no se puede hacer nada mejor. No se puede hacer una cuchara que sea mejor que la cuchara. Hay diseñadores que intentan mejorar, por ejemplo, el sacacorchos, con resultados muy modestos: la mayoría de ellos no funciona. Philippe Starck intentó mejorar el exprimidor, pero su modelo (para salvaguardar una determinada pureza estética) deja pasar las semillas. El libro ha superado sus pruebas y no se ve cómo podríamos hacer nada mejor para desempeñar esa misma función. Quizá evolucionen sus componentes, quizá sus páginas dejen de ser de papel. Pero seguirá siendo lo que es.
Continúa la nota en Perfil.com
Durante la última cumbre de Davos, en 2008, se le preguntó a un futurólogo sobre los fenómenos que alterarían a la humanidad en los próximos 15 años y éste propuso que se consideraran esencialmente cuatro, que le parecían seguros. El primero, que un barril de petróleo costaría quinientos dólares. El segundo concernía al agua, destinada a convertirse en un producto comercial de intercambio exactamente como el petróleo; en fin, que veremos las cotizaciones del agua en la Bolsa. La tercera previsión atañía a Africa, que en las próximas décadas, según el futurólogo, se convertiría con toda seguridad en una potencia económica, un hecho que todos esperamos. El cuarto fenómeno, según este profeta profesional, era la de-saparición del libro. A estas alturas, por lo tanto, se trata de saber si la desaparición definitiva del libro, si de verdad llegara a producirse, podría entrañar para la humanidad las mismas consecuencias que la penuria programada del agua, por ejemplo, o que la inaccesibilidad del petróleo.
Umberto Eco: ¿El libro desaparecerá a causa de la aparición de Internet? Escribí sobre este tema hace tiempo, es decir, cuando la pregunta parecía pertinente. A estas alturas, cada vez que alguien me pide que me pronuncie al respecto, no puedo sino repetir el mismo texto. En cualquier caso, nadie se da cuenta de que me repito, porque no hay nada más inédito que lo que ya se ha publicado y, además, porque la opinión pública (o por lo menos los periodistas) tienen siempre la idea fija de que el libro desaparecerá (o quizá los periodistas piensan que son los lectores los que tienen esa idea fija) y todos formulan incansablemente la misma pregunta. En realidad, hay poco que decir al respecto. Con Internet hemos vuelto a la era alfabética. Si alguna vez pensamos que habíamos entrado en la civilización de las imágenes, pues bien, el ordenador nos ha vuelto a introducir en la galaxia Gutenberg y todos se ven de nuevo obligados a leer. Para leer es necesario un soporte. Este soporte no puede ser únicamente el ordenador. ¡Pasémonos dos horas leyendo una novela en el ordenador y nuestros ojos se convertirán en dos pelotas de tenis! En casa, tengo unas gafas Polaroid que me permiten proteger los ojos de las molestias de una lectura constante en pantalla, pero no es una solución suficiente. Además, el ordenador depende de la electricidad y no te permite leer en la bañera, ni tumbado de costado en la cama. El libro es, a fin de cuentas, un instrumento más flexible. Ante la disyuntiva, hay una sola opción: o el libro sigue siendo el soporte para la lectura o se inventará algo que se parecerá a lo que el libro nunca ha dejado de ser, incluso antes de la invención de la imprenta. Las variaciones en torno al objeto libro no han modificado su función, ni su sintaxis, desde hace más de quinientos años. El libro es como la cuchara, el martillo, la rueda, las tijeras. Una vez que se han inventado, no se puede hacer nada mejor. No se puede hacer una cuchara que sea mejor que la cuchara. Hay diseñadores que intentan mejorar, por ejemplo, el sacacorchos, con resultados muy modestos: la mayoría de ellos no funciona. Philippe Starck intentó mejorar el exprimidor, pero su modelo (para salvaguardar una determinada pureza estética) deja pasar las semillas. El libro ha superado sus pruebas y no se ve cómo podríamos hacer nada mejor para desempeñar esa misma función. Quizá evolucionen sus componentes, quizá sus páginas dejen de ser de papel. Pero seguirá siendo lo que es.
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lunes, agosto 16
“Hay que reinventar el socialismo del siglo XXI”
AURELIO ALONSO, PROFESOR E INVESTIGADOR UNIVERSITARIO
Por Mercedes López San Miguel, para Página 12
–¿Cómo interpreta las excarcelaciones que Cuba anunció y comenzó a llevar a cabo con la mediación de la Iglesia?
–No son las primeras excarcelaciones de presos políticos en Cuba. Son presos contrarrevolucionarios a los que se les atribuyen causas que van más allá del pensamiento: causas muy vinculadas con acciones precisas. Cuando el papa Juan Pablo II visitó nuestro país hubo una excarcelación importante a solicitud del Vaticano.
–Son momentos históricos distintos...
–Sí, pero el hecho novedoso no es la liberación, sino que por primera vez se le reconoce a la Iglesia un papel como mediador y la Iglesia asume ese rol con una motivación humanitaria. El régimen cubano ha sido demasiado duro a veces en cuanto a admitir el criterio de oposición. Pienso que si esto es una señal de que va a haber un cambio de política hacia mayores flexibilidades es mucho mejor.
–¿Usted los considera “presos políticos”?
–Sí y no. En Cuba hay una serie de delitos que están definidos y enmarcados en una Constitución y también definidos por una trayectoria histórica. Van cincuenta años de una política de cerco y hostigamiento de Estados Unidos. Por ejemplo, a juicio de las autoridades cubanas, la vinculación con la embajada norteamericana es una vinculación con el enemigo. Estados Unidos se define como enemigo en relación con nosotros. Son presos políticos y se definen como presos contrarios al régimen. Yo no recuerdo que a Cuba se le haya podido atribuir complicidad o responsabilidad en ningún acto de terrorismo, sin embargo Estados Unidos le da un tratamiento preferencial a Posada Carriles, un connotado terrorista.
–Están las Damas de Blanco, están los que se definen como periodistas y logran el apoyo de organizaciones de periodistas en el mundo, que los señalan como presos de conciencia. ¿Cómo es la vida en Cuba respecto de los critican o se oponen a la revolución?
–Pienso que la política cubana y la filosofía sobre la que ésta se construye tienen que avanzar a niveles mayores de tolerancia de las posiciones que se oponen y que piensan en contra. Me acuerdo de una frase de Jean-Paul Sartre cuando visitó Cuba que decía: “A mí no me preocupa tanto que no se puedan pronunciar los que estén en contra, me preocupa que no se puedan pronunciar los que estén a favor”.
–¿Cómo fue formar parte de la experiencia de la revista Pensamiento Crítico?
–Un grupo de jóvenes nos dedicamos al estudio del marxismo en los años sesenta. El leninismo como doctrina oficial del Partido Comunista soviético no se correspondía con la producción de un pensamiento a la altura de nuestras experiencias revolucionarias.
–Tras la caída de la Unión Soviética, ¿pensaron que podía caer el socialismo en Cuba?
–El grupo fue bastante coherente, fueron pocos los disensos que se produjeron tanto en los ’70 como más adelante en los ’80 y ’90. Todos pensamos que el derrumbe socialista coincidía con algunas de nuestras inquietudes, no presumimos que hayamos pronosticado que iba a suceder, pero nuestras inquietudes eran en cuanto al carácter excesivamente escolástico del marxismo soviético implantado a partir de los ’70 como doctrina oficial. Ahí es que desaparece el pensamiento crítico y nuestro grupo. A nosotros no nos reprimieron, pero nos pusieron un límite para ejercer el pensamiento crítico. Tenía que ser un pensamiento único.
–Y ustedes ya eran muy críticos de la URSS.
–Sí, nuestro grupo, que se formó en un departamento de filosofía. A través de la reflexión criticamos a la Unión Soviética. El Che criticó el modelo de modo más integral por medio de la práctica y de la política económica. No pudimos tener una vinculación con el Che, porque éste ya estaba involucrado en el proceso de salida, de dedicación a las luchas guerrilleras. Después de la desintegración del socialismo soviético, de ese modelo, hay un impacto muy fuerte en el nivel mundial y en los países que pertenecían a ese sistema. En el caso de Cuba es un impacto muy fuerte en muchos sentidos, en primer lugar, en el económico. Se demostró que habíamos desarrollado una conexión que nos hacía más dependientes. A partir de 1986, Cuba no pudo pagar sus compromisos de deuda a los países acreedores occidentales y se le cerraron los créditos en divisas convertibles, que implicaban un 15 por ciento de los créditos y se paralizaba el 30 por ciento de la economía. Eso hizo que la curva de crecimiento cubana hiciera una meseta. La caída cubana empieza con la caída del socialismo soviético; a raíz de ello, se incrementó la dependencia ineficiente. La capacidad importadora cubana entre en el perído ’91-’93 había caído en un 80 por ciento. Esta caída también implica una crisis de paradigma. ¿Cuál es la hipótesis del sentido común?
–Que el socialismo fracasó.
–Que si fracasó en el centro, aquí no tiene futuro. Hay una crisis de paradigma y se suscita un debate sobre el tema de salvarlo.
–¿Cómo se lo rescata?
–Hay que reinventar el socialismo del siglo XXI. Primero subrayo que la solución a los problemas del mundo no va por otro camino que no sea el socialismo, el mundo del capital, no. No puede ser un socialismo construido sobre los patrones del siglo XX. Hay que repensarlo sobre la realidad que estamos viviendo. Volver a Marx y estudiarlo críticamente. Pero Marx no nos va a dar la respuesta a esta problemática, ni Lenin, ni Fidel. La nueva generación tiene la obligación de reaccionar ante los retos que la historia plantea. Tenemos que vivir el socialismo sobre una base de reinvención continua, y estar dispuestos a aplicar correcciones y experimentos.
–¿Qué diferencia hay de liderazgo entre los hermanos Castro?
–No hay diferencia ideológica, los dos son afines a un mismo proyecto de transformación revolucionaria. La revolución cubana tuvo cuatro figuras: Fidel, Raúl, el Che y Camilo Cienfuegos. Raúl quizá no tenga el genio político de Fidel, pero es más pragmático y más administrativo. Raúl está en disposición de avanzar en un proceso de reformas que flexibilice la estructura de la economía.
–Raúl dijo hace poco que el gobierno quiere reducir el empleo público y fomentar el trabajo por cuenta propia. ¿Podría haber cambios sustanciales en la isla?
–Ha habido demasiada reticencia en avanzar en un proceso de reformas hacia un patrón de eficiencia socialista. El patrón capitalista, por el contrario, somete todo a la ganancia. A veces hay un exceso de prudencia en los dirigentes cubanos.
–¿Prudencia en aquellos que hicieron la revolución frente al imperio? ¿La prudencia les llegó con los años?
–Creo que sí. A mí me separan diez años de los protagonistas. Tendría que haber habido un proceso más seguro, más fiable, más sistemático de relevo generacional que no ha habido. Vemos que siguen gobernando los mismos líderes y se sigue armando el aparato sobre la base de una presencia muy fuerte del liderazgo de los sesenta.
–Cuando aparecen jóvenes los apartan. El ex canciller Felipe Pérez Roque y el ex vicepresidente Carlos Lage se vieron obligados a renunciar el año pasado...
–Esos apartamientos estuvieron vinculados a actos de corrupción o enriquecimiento indebido.
–Cuba sigue teniendo problemas económicos fundamentales. ¿Por qué no se pueden resolver?
–La economía cubana tiene un problema de desestructuración muy fuerte que es la resultante de la caída del campo socialista que el desamparo y el aislamiento le generó, combinado con las reformas que al mismo tiempo generan corrección y se superponen con las anomalías. Todo aquello que pueda no ser administrado por el Estado tiene que empezar a encontrar las formas de otras estructuras. Se va hacia la racionalización de plazas en el puesto estatal y a la apertura de sectores pymes, a formalizar todo aquello que no tiene por qué estar en manos del Estado. Eso va a contribuir a balancear el desempleo. Creo que hay que avanzar en procesos más efectivos de cooperativización. Propiedad familiar en unos casos, cooperativas en otros. En el interior del país hay que desarrollar las vías de una propiedad comunitaria local que también sea descentralizada y permita que las ganancias se queden y contribuyan al Estado con los impuestos. Se debería generar un sistema de impuestos con espíritu socialista, lograr que los que generan más ingresos contribuyan más. Lo contrario de lo que sucede en el capitalismo, que el Estado suele no tocar a los ricos para que se mantengan felices y aprieta a los de abajo. ¿Hasta qué punto tiene Raúl un abanico de fórmulas? No lo sé. ¿Hasta qué punto va a tener margen y tiempo para aplicarlas? Tampoco lo sé.
–A un ciudadano cubano, ¿cuánto le alcanza el salario para vivir?
–La economía cubana es muy sui géneris, tiene virtudes e irregularidades. Crea muchos amparos. El salario cubano significa muy poco en términos monetarios. Para tener una alimentación básica existe una cobertura, que se ha achicado por las limitaciones productivas. El cubano vive con 30 o 40 dólares al mes, pero no tiene que pagar ni preocuparse por la salud y la educación; los servicios básicos como el agua y el gas cuestan muy poco. Yo pienso que las gratuidades podrían ser diferenciadas. Y que algunos servicios, por ejemplo una cirugía estética como la implantación de mamas, podría ser pagada. El Estado creó un proteccionismo que es muy difícil de costear. Ahora bien, dar marcha atrás es algo que la población no va a querer: no pagar la salud o la educación es visto como un derecho incuestionable.
–¿Por qué no es posible leer medios alternativos en la isla?
–No estoy de acuerdo que no haya otras voces, no hay que tenerle miedo a la confrontación. Tener que defender las posiciones que uno tiene. Los cubanos nos enteramos a veces de lo que pasa en el país por la prensa extranjera. Pero los dirigentes no lo ven así. Es una política que yo cambiaría.
–¿Qué opina del socialismo del siglo XXI venezolano?
–Son los diez primeros años en los que Chávez hace un esfuerzo por mantener bajo control del Estado los sectores empresariales, por afirmar un esquema de apoyo popular para el sistema que está aplicando y para allanar el camino a una sucesión posible. El proyecto venezolano está en una fase inicial, no es exacto, no se parece a otros, como los proyectos que se dan en Bolivia y en Ecuador.
–¿Tenía alguna expectativa con Barack Obama?
–Obama es lo mismo en objetivos que Bush, con el agravante de que es inteligente y sagaz. El cambio latinoamericano es progresista en general, para hablar también de Argentina el kirchnerismo –aunque no sea la revolución bolivariana ni la revolución ciudadana de Ecuador, pero es un cambio positivo que se entronca–. Argentina se llenó de gloria en la cumbre de Mar del Plata cuando Néstor Kirchner plantó posición de bloqueo a la iniciativa estadounidense del ALCA como proyecto continental. Estados Unidos ha tratado de buscar vías laterales, pero el obstáculo que le pusieron los pueblos latinoamericanos no tiene precedentes. Imagínate lo que sería ahora afrontar esta crisis si los países se hubieran articulado al proyecto del ALCA. Estaríamos perdidos. Ante todo este cambio, la administración Bush quedó maniatada. Y Obama llega a la presidencia y hace un acuerdo con Colombia para instalar siete bases militares. Y deja que se orqueste un golpe de Estado a Honduras. Nuestros países tienen que encontrarle la vuelta a los momentos en que Obama quiere esconder o disimular su posición y aprovecharla.
–Entonces, desde su mirada no hay ninguna posibilidad de que se levante el embargo.
–No. Si la llega a haber, va a ser porque hay una presión que no se pueda contener. Puede ser que le convenga suavizar algunos puntos del embargo. También si Obama es presionado al interior de Estados Unidos. Hay muchos norteamericanos que quieren viajar a Cuba. Sería una medida para mejorar su imagen en el país.
–A raíz de las señales que dio la isla con estas excarcelaciones que mencionamos al principio, con el paso por La Habana del canciller español Miguel Angel Moratinos, ¿podría Europa modificar su posición común?
–España tiene una posición buena con Cuba dentro de la comunidad europea. Europa tendría que estar dispuesta a ocupar un protagonismo que le cuesta asumir frente a Estados Unidos. Mejorar la relación con Cuba sería estar en disposición de realizar un gesto de soberanía europea dentro del concierto de las fuerzas mundiales. Vamos a pensar en voz alta: quizá si Obama hiciera algún gesto de flexibilización, Europa tomaría ese camino.
Por Mercedes López San Miguel, para Página 12
–¿Cómo interpreta las excarcelaciones que Cuba anunció y comenzó a llevar a cabo con la mediación de la Iglesia?
–No son las primeras excarcelaciones de presos políticos en Cuba. Son presos contrarrevolucionarios a los que se les atribuyen causas que van más allá del pensamiento: causas muy vinculadas con acciones precisas. Cuando el papa Juan Pablo II visitó nuestro país hubo una excarcelación importante a solicitud del Vaticano.
–Son momentos históricos distintos...
–Sí, pero el hecho novedoso no es la liberación, sino que por primera vez se le reconoce a la Iglesia un papel como mediador y la Iglesia asume ese rol con una motivación humanitaria. El régimen cubano ha sido demasiado duro a veces en cuanto a admitir el criterio de oposición. Pienso que si esto es una señal de que va a haber un cambio de política hacia mayores flexibilidades es mucho mejor.
–¿Usted los considera “presos políticos”?
–Sí y no. En Cuba hay una serie de delitos que están definidos y enmarcados en una Constitución y también definidos por una trayectoria histórica. Van cincuenta años de una política de cerco y hostigamiento de Estados Unidos. Por ejemplo, a juicio de las autoridades cubanas, la vinculación con la embajada norteamericana es una vinculación con el enemigo. Estados Unidos se define como enemigo en relación con nosotros. Son presos políticos y se definen como presos contrarios al régimen. Yo no recuerdo que a Cuba se le haya podido atribuir complicidad o responsabilidad en ningún acto de terrorismo, sin embargo Estados Unidos le da un tratamiento preferencial a Posada Carriles, un connotado terrorista.
–Están las Damas de Blanco, están los que se definen como periodistas y logran el apoyo de organizaciones de periodistas en el mundo, que los señalan como presos de conciencia. ¿Cómo es la vida en Cuba respecto de los critican o se oponen a la revolución?
–Pienso que la política cubana y la filosofía sobre la que ésta se construye tienen que avanzar a niveles mayores de tolerancia de las posiciones que se oponen y que piensan en contra. Me acuerdo de una frase de Jean-Paul Sartre cuando visitó Cuba que decía: “A mí no me preocupa tanto que no se puedan pronunciar los que estén en contra, me preocupa que no se puedan pronunciar los que estén a favor”.
–¿Cómo fue formar parte de la experiencia de la revista Pensamiento Crítico?
–Un grupo de jóvenes nos dedicamos al estudio del marxismo en los años sesenta. El leninismo como doctrina oficial del Partido Comunista soviético no se correspondía con la producción de un pensamiento a la altura de nuestras experiencias revolucionarias.
–Tras la caída de la Unión Soviética, ¿pensaron que podía caer el socialismo en Cuba?
–El grupo fue bastante coherente, fueron pocos los disensos que se produjeron tanto en los ’70 como más adelante en los ’80 y ’90. Todos pensamos que el derrumbe socialista coincidía con algunas de nuestras inquietudes, no presumimos que hayamos pronosticado que iba a suceder, pero nuestras inquietudes eran en cuanto al carácter excesivamente escolástico del marxismo soviético implantado a partir de los ’70 como doctrina oficial. Ahí es que desaparece el pensamiento crítico y nuestro grupo. A nosotros no nos reprimieron, pero nos pusieron un límite para ejercer el pensamiento crítico. Tenía que ser un pensamiento único.
–Y ustedes ya eran muy críticos de la URSS.
–Sí, nuestro grupo, que se formó en un departamento de filosofía. A través de la reflexión criticamos a la Unión Soviética. El Che criticó el modelo de modo más integral por medio de la práctica y de la política económica. No pudimos tener una vinculación con el Che, porque éste ya estaba involucrado en el proceso de salida, de dedicación a las luchas guerrilleras. Después de la desintegración del socialismo soviético, de ese modelo, hay un impacto muy fuerte en el nivel mundial y en los países que pertenecían a ese sistema. En el caso de Cuba es un impacto muy fuerte en muchos sentidos, en primer lugar, en el económico. Se demostró que habíamos desarrollado una conexión que nos hacía más dependientes. A partir de 1986, Cuba no pudo pagar sus compromisos de deuda a los países acreedores occidentales y se le cerraron los créditos en divisas convertibles, que implicaban un 15 por ciento de los créditos y se paralizaba el 30 por ciento de la economía. Eso hizo que la curva de crecimiento cubana hiciera una meseta. La caída cubana empieza con la caída del socialismo soviético; a raíz de ello, se incrementó la dependencia ineficiente. La capacidad importadora cubana entre en el perído ’91-’93 había caído en un 80 por ciento. Esta caída también implica una crisis de paradigma. ¿Cuál es la hipótesis del sentido común?
–Que el socialismo fracasó.
–Que si fracasó en el centro, aquí no tiene futuro. Hay una crisis de paradigma y se suscita un debate sobre el tema de salvarlo.
–¿Cómo se lo rescata?
–Hay que reinventar el socialismo del siglo XXI. Primero subrayo que la solución a los problemas del mundo no va por otro camino que no sea el socialismo, el mundo del capital, no. No puede ser un socialismo construido sobre los patrones del siglo XX. Hay que repensarlo sobre la realidad que estamos viviendo. Volver a Marx y estudiarlo críticamente. Pero Marx no nos va a dar la respuesta a esta problemática, ni Lenin, ni Fidel. La nueva generación tiene la obligación de reaccionar ante los retos que la historia plantea. Tenemos que vivir el socialismo sobre una base de reinvención continua, y estar dispuestos a aplicar correcciones y experimentos.
–¿Qué diferencia hay de liderazgo entre los hermanos Castro?
–No hay diferencia ideológica, los dos son afines a un mismo proyecto de transformación revolucionaria. La revolución cubana tuvo cuatro figuras: Fidel, Raúl, el Che y Camilo Cienfuegos. Raúl quizá no tenga el genio político de Fidel, pero es más pragmático y más administrativo. Raúl está en disposición de avanzar en un proceso de reformas que flexibilice la estructura de la economía.
–Raúl dijo hace poco que el gobierno quiere reducir el empleo público y fomentar el trabajo por cuenta propia. ¿Podría haber cambios sustanciales en la isla?
–Ha habido demasiada reticencia en avanzar en un proceso de reformas hacia un patrón de eficiencia socialista. El patrón capitalista, por el contrario, somete todo a la ganancia. A veces hay un exceso de prudencia en los dirigentes cubanos.
–¿Prudencia en aquellos que hicieron la revolución frente al imperio? ¿La prudencia les llegó con los años?
–Creo que sí. A mí me separan diez años de los protagonistas. Tendría que haber habido un proceso más seguro, más fiable, más sistemático de relevo generacional que no ha habido. Vemos que siguen gobernando los mismos líderes y se sigue armando el aparato sobre la base de una presencia muy fuerte del liderazgo de los sesenta.
–Cuando aparecen jóvenes los apartan. El ex canciller Felipe Pérez Roque y el ex vicepresidente Carlos Lage se vieron obligados a renunciar el año pasado...
–Esos apartamientos estuvieron vinculados a actos de corrupción o enriquecimiento indebido.
–Cuba sigue teniendo problemas económicos fundamentales. ¿Por qué no se pueden resolver?
–La economía cubana tiene un problema de desestructuración muy fuerte que es la resultante de la caída del campo socialista que el desamparo y el aislamiento le generó, combinado con las reformas que al mismo tiempo generan corrección y se superponen con las anomalías. Todo aquello que pueda no ser administrado por el Estado tiene que empezar a encontrar las formas de otras estructuras. Se va hacia la racionalización de plazas en el puesto estatal y a la apertura de sectores pymes, a formalizar todo aquello que no tiene por qué estar en manos del Estado. Eso va a contribuir a balancear el desempleo. Creo que hay que avanzar en procesos más efectivos de cooperativización. Propiedad familiar en unos casos, cooperativas en otros. En el interior del país hay que desarrollar las vías de una propiedad comunitaria local que también sea descentralizada y permita que las ganancias se queden y contribuyan al Estado con los impuestos. Se debería generar un sistema de impuestos con espíritu socialista, lograr que los que generan más ingresos contribuyan más. Lo contrario de lo que sucede en el capitalismo, que el Estado suele no tocar a los ricos para que se mantengan felices y aprieta a los de abajo. ¿Hasta qué punto tiene Raúl un abanico de fórmulas? No lo sé. ¿Hasta qué punto va a tener margen y tiempo para aplicarlas? Tampoco lo sé.
–A un ciudadano cubano, ¿cuánto le alcanza el salario para vivir?
–La economía cubana es muy sui géneris, tiene virtudes e irregularidades. Crea muchos amparos. El salario cubano significa muy poco en términos monetarios. Para tener una alimentación básica existe una cobertura, que se ha achicado por las limitaciones productivas. El cubano vive con 30 o 40 dólares al mes, pero no tiene que pagar ni preocuparse por la salud y la educación; los servicios básicos como el agua y el gas cuestan muy poco. Yo pienso que las gratuidades podrían ser diferenciadas. Y que algunos servicios, por ejemplo una cirugía estética como la implantación de mamas, podría ser pagada. El Estado creó un proteccionismo que es muy difícil de costear. Ahora bien, dar marcha atrás es algo que la población no va a querer: no pagar la salud o la educación es visto como un derecho incuestionable.
–¿Por qué no es posible leer medios alternativos en la isla?
–No estoy de acuerdo que no haya otras voces, no hay que tenerle miedo a la confrontación. Tener que defender las posiciones que uno tiene. Los cubanos nos enteramos a veces de lo que pasa en el país por la prensa extranjera. Pero los dirigentes no lo ven así. Es una política que yo cambiaría.
–¿Qué opina del socialismo del siglo XXI venezolano?
–Son los diez primeros años en los que Chávez hace un esfuerzo por mantener bajo control del Estado los sectores empresariales, por afirmar un esquema de apoyo popular para el sistema que está aplicando y para allanar el camino a una sucesión posible. El proyecto venezolano está en una fase inicial, no es exacto, no se parece a otros, como los proyectos que se dan en Bolivia y en Ecuador.
–¿Tenía alguna expectativa con Barack Obama?
–Obama es lo mismo en objetivos que Bush, con el agravante de que es inteligente y sagaz. El cambio latinoamericano es progresista en general, para hablar también de Argentina el kirchnerismo –aunque no sea la revolución bolivariana ni la revolución ciudadana de Ecuador, pero es un cambio positivo que se entronca–. Argentina se llenó de gloria en la cumbre de Mar del Plata cuando Néstor Kirchner plantó posición de bloqueo a la iniciativa estadounidense del ALCA como proyecto continental. Estados Unidos ha tratado de buscar vías laterales, pero el obstáculo que le pusieron los pueblos latinoamericanos no tiene precedentes. Imagínate lo que sería ahora afrontar esta crisis si los países se hubieran articulado al proyecto del ALCA. Estaríamos perdidos. Ante todo este cambio, la administración Bush quedó maniatada. Y Obama llega a la presidencia y hace un acuerdo con Colombia para instalar siete bases militares. Y deja que se orqueste un golpe de Estado a Honduras. Nuestros países tienen que encontrarle la vuelta a los momentos en que Obama quiere esconder o disimular su posición y aprovecharla.
–Entonces, desde su mirada no hay ninguna posibilidad de que se levante el embargo.
–No. Si la llega a haber, va a ser porque hay una presión que no se pueda contener. Puede ser que le convenga suavizar algunos puntos del embargo. También si Obama es presionado al interior de Estados Unidos. Hay muchos norteamericanos que quieren viajar a Cuba. Sería una medida para mejorar su imagen en el país.
–A raíz de las señales que dio la isla con estas excarcelaciones que mencionamos al principio, con el paso por La Habana del canciller español Miguel Angel Moratinos, ¿podría Europa modificar su posición común?
–España tiene una posición buena con Cuba dentro de la comunidad europea. Europa tendría que estar dispuesta a ocupar un protagonismo que le cuesta asumir frente a Estados Unidos. Mejorar la relación con Cuba sería estar en disposición de realizar un gesto de soberanía europea dentro del concierto de las fuerzas mundiales. Vamos a pensar en voz alta: quizá si Obama hiciera algún gesto de flexibilización, Europa tomaría ese camino.
jueves, agosto 5
Se viene el día del niño... .
Recuerdo que cuando era pequeño el día del niño se festejaba el primer domingo de agosto, demás esta decir que cuando se empezaron hacer los estudios de mercado, fijar ese día el segundo domingo de agosto era económicamente mas rentable, y quedo así desde hace unos 15 años. Mas allá de todo, es un festejo en el cual la mayoría de los chicos estan felices, algunos con más y otros con menos, cuando uno mira alrededor siente impotencia de ver que lo que uno hace no alcanza para poder darle más a los chicos que menos tienen y que ese día van a recibir poco y en algunos casos casí nada.Las iglesias de cualquier religión, los comedores, las asociaciones de fomento y también hay que decirlo las celulas de los partidos politicos mas viejos, tratan de suplir las falencias. Esperemos que nosotros "Los Grandes" hagamos las cosas mejor para que en no muchos años "Los Chicos" no tengan que sufrir las diferencias de esta sociedad que en todo el mundo sigue siendo desigual. Un amigo que es escritor dice que a el lamentablemente lo castigaron con una infancia felíz, es una forma de decir que para lo que el hace se tiene que esforzar mucho en imaginar ciertas situaciones, yo sufrí de lo mismo, en lo material se tenía un gran conocimiento de las limitaciones, pero siempre, y hasta con la cultura del ahorro y el esfuerzo pude tener lo que quería, ojala la mayoría de los padres puedan castigar a sus hijos con infancias felices, feliz día del niño para los que son y para los que a pesar de tener mas de 30 abriles no lo dejamos de ser.
www.cultoretro.blogspot.com
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martes, agosto 3
De la bibliomanía como bella arte
Por Maximiliano Tomas
Dos maneras antagónicas de entender la pasión (la obsesión) por los libros. La de Diógenes, por un lado, que afirmaba que tener libros y no leerlos es como tener frutas en un cuadro. La otra, que nos cae mucho más simpática, es la que cuenta Walter Benjamin en un célebre artículo titulado Desembalo mi biblioteca (discurso sobre la bibliomanía), y que cierra con la siguiente anécdota: “¿Es típico del coleccionista no leer libros? Como único ejemplo citaré la respuesta que Anatole France reservaba a los beocios que admiraban su biblioteca para concluir con la inevitable pregunta: ‘¿Y ha leído usted todo esto, señor France?’ ‘Ni la décima parte’, respondía él. ‘¿O acaso usted comería todos los días en su vajilla de Sévres?’”. Conozco la pasión de algunos escritores argentinos por los libros y la obsesión con que cuidan, abastecen y ordenan sus biliotecas: Abelardo Castillo y Sylvia Iparraguirre las mantienen separadas, en habitaciones distintas. Cualquiera que recorra con regularidad librerías de viejo del centro de Buenos Aires se cruzará, en algún momento, con dos biliómanos consumados: Matías Serra Bradford y Damián Tabarovksy (Serra Bradford publicó hace poco una novela donde vuelca estas experiencias bajo el amparo de la ficción: La bilioteca ideal). Daniel Guebel suele tirar los libros sobre los estantes, sin ningún orden o cuidado aparente. Y Rodolfo Fogwill declaró en más de una ocasión que los libros le parecen, a esta altura, un verdadero estorbo, se jacta de no tener biblioteca propia y no tiene reparos en regalarlos, venderlos o perderlos.
Pero a cualquiera de ellos, estoy casi seguro, les interesaría un ensayo que acaba de publicar el escritor francés Jacques Bonnet, Bibliotecas llenas de fantasmas. Una especie de breve historia de la bibliomanía que abre con la definición de lo que son para él los libros. Es decir, su felicidad y su maldición: “Son caros cuando se compran, no valen nada cuando se revenden, alcanzan precios astronómicos cuando hay que encontrarlos una vez que se agotaron, son pesados, se empolvan, son víctimas de la humedad y de los ratones, son, a partir de cierto número, prácticamente imposibles de trasladar, necesitan ser ordenados de una manera específica para poder ser utilizados y, sobre todo, devoran el espacio”. Así y todo, Bonnet confiesa su inevitable debilidad por cada uno de los miles de tomos que ocupan todas las habitaciones de su casa, incluido el baño. Y a lo largo de los distintos capítulos refiere historias y curiosidades de las tantas clases de bibliómanos que existen: amateurs, coleccionistas, amontonadores, lectores y compradores compulsivos. Personajes que llegaron a vender su derecho de herencia para comprar libros de manera ilimitada, que viajaron a la otra punta del mundo en busca de aquel ejemplar codiciado, que murieron aplastados (literalmente) bajo el peso de su bilioteca.
Mientras repasa las diversas maneras de almacenar y ordenar volúmenes, de cómo y dónde leer, de las peripecias y las dificultades a las que se ven arrastrados los amantes de los libros, Bonnet cuenta sus experiencias de lectura y su vida como lector, similares a la de todo bibliómano y, al mismo tiempo, inexplicables para cualquiera que no comparta la misma obsesión. La biblioteca, en fin, entendida como la arqueología privada de su dueño, como una pasión tan inevitable como inútil.
Diario Perfil
Dos maneras antagónicas de entender la pasión (la obsesión) por los libros. La de Diógenes, por un lado, que afirmaba que tener libros y no leerlos es como tener frutas en un cuadro. La otra, que nos cae mucho más simpática, es la que cuenta Walter Benjamin en un célebre artículo titulado Desembalo mi biblioteca (discurso sobre la bibliomanía), y que cierra con la siguiente anécdota: “¿Es típico del coleccionista no leer libros? Como único ejemplo citaré la respuesta que Anatole France reservaba a los beocios que admiraban su biblioteca para concluir con la inevitable pregunta: ‘¿Y ha leído usted todo esto, señor France?’ ‘Ni la décima parte’, respondía él. ‘¿O acaso usted comería todos los días en su vajilla de Sévres?’”. Conozco la pasión de algunos escritores argentinos por los libros y la obsesión con que cuidan, abastecen y ordenan sus biliotecas: Abelardo Castillo y Sylvia Iparraguirre las mantienen separadas, en habitaciones distintas. Cualquiera que recorra con regularidad librerías de viejo del centro de Buenos Aires se cruzará, en algún momento, con dos biliómanos consumados: Matías Serra Bradford y Damián Tabarovksy (Serra Bradford publicó hace poco una novela donde vuelca estas experiencias bajo el amparo de la ficción: La bilioteca ideal). Daniel Guebel suele tirar los libros sobre los estantes, sin ningún orden o cuidado aparente. Y Rodolfo Fogwill declaró en más de una ocasión que los libros le parecen, a esta altura, un verdadero estorbo, se jacta de no tener biblioteca propia y no tiene reparos en regalarlos, venderlos o perderlos.
Pero a cualquiera de ellos, estoy casi seguro, les interesaría un ensayo que acaba de publicar el escritor francés Jacques Bonnet, Bibliotecas llenas de fantasmas. Una especie de breve historia de la bibliomanía que abre con la definición de lo que son para él los libros. Es decir, su felicidad y su maldición: “Son caros cuando se compran, no valen nada cuando se revenden, alcanzan precios astronómicos cuando hay que encontrarlos una vez que se agotaron, son pesados, se empolvan, son víctimas de la humedad y de los ratones, son, a partir de cierto número, prácticamente imposibles de trasladar, necesitan ser ordenados de una manera específica para poder ser utilizados y, sobre todo, devoran el espacio”. Así y todo, Bonnet confiesa su inevitable debilidad por cada uno de los miles de tomos que ocupan todas las habitaciones de su casa, incluido el baño. Y a lo largo de los distintos capítulos refiere historias y curiosidades de las tantas clases de bibliómanos que existen: amateurs, coleccionistas, amontonadores, lectores y compradores compulsivos. Personajes que llegaron a vender su derecho de herencia para comprar libros de manera ilimitada, que viajaron a la otra punta del mundo en busca de aquel ejemplar codiciado, que murieron aplastados (literalmente) bajo el peso de su bilioteca.
Mientras repasa las diversas maneras de almacenar y ordenar volúmenes, de cómo y dónde leer, de las peripecias y las dificultades a las que se ven arrastrados los amantes de los libros, Bonnet cuenta sus experiencias de lectura y su vida como lector, similares a la de todo bibliómano y, al mismo tiempo, inexplicables para cualquiera que no comparta la misma obsesión. La biblioteca, en fin, entendida como la arqueología privada de su dueño, como una pasión tan inevitable como inútil.
Diario Perfil
miércoles, julio 28
Los buitres cobran nuevo aliento.
Por Felipe Pigna
Son los mismos que se alegraron con cada caída de Diego Maradona y que no tuvieron el coraje de oponérsele cuando la racha ganadora inicial entusiasmó a los más escépticos. No son sólo los conocidos caranchos locales, también los carroñeros internacionales dispuestos a corregir la incorrección incurable de los argentinos. Hay una correspondencia entre unos y otros y a todos ellos les produce un placer especial ver fracasar ese estilo “maradoniano” que va contra las convenciones, que se pelea con la Fifa y los acusa no sólo de haber manchado la pelota sino de haber oficializado una que no sirve. Ellos suponen que Maradona termina por demostrarles tranquilizadoramente que tenían razón, que contra ellos no se puede y que el Primer Mundo, la seriedad, la “racionalidad” volvió a ganar y los sudacas insolentes recibimos nuestro merecido. A nivel local conocemos a los que se alegran. Algunos son periodistas deportivos, otros no se sabe qué son, pero allí están refregándonos sus advertencias, sus predicciones tempranas en épocas de eliminatorias, los que siempre supieron que esto no iba a funcionar, lo que pusieron por delante de la emoción la “profesionalidad” y la “seriedad”. Porque a Maradona no le van a perdonar nunca ser Maradona y lo quieren fuera de circulación, no quieren a alguien que inculcó a sus jugadores que lo más importante era darle una alegría a la gente, por eso había que ganar, porque sabe en carne propia lo que cuesta arrancar una sonrisa en los territorios del dolor. Hay que erradicar el mal ejemplo del Diego, que siempre dijo que no quería ser ejemplo.
El Diego es el autor de algunas de las pocas alegrías que vivimos los argentinos en los últimos años. El de la mano de Dios metida en el honor de los ingleses, el del gol más lindo de la historia, el de los cientos de goles y pases mágicos inolvidables.
Es el Diego de Fiorito, el de la Tota y don Diego, aquel que horrorizaba con sus modos y sus ropas a los estúpidos de turno, aquellos que nunca lo quisieron porque tenía demasiado olor a pueblo. Siempre estuvieron deseando que le fuera mal, que se cayera, que le cortaran las piernas, que quedara demostrado para siempre que no era Dios sino un simple cabecita negra. Allí estaba Neustadt festejando su caída en el Mundial 94, porque Diego había osado definir al periodista del poder como a un “sanguchito de miga, porque siempre está al lado de la torta”.
Pero el resto de la gente, que se alegró y sufrió con él, lo banca, lo acompaña como a los amigos en las buenas y en las malas, porque es agradecida, porque tiene una deuda con el Diego que siempre está dispuesta a honrar.
El Diego es otra cosa, con sus enormes defectos, sus flagrantes contradicciones, el Diego es parte de nosotros, nunca fue de ellos, y esto es lo que asombra a periodistas extranjeros de ricos pero fríos países europeos, que no entienden, que se olvidaron de los valores que no cotizan en Bolsa, valores de un pueblo acosado por los “correctos” y “previsibles” y “muy serios” y sinvergüenzas, sin comillas, acreedores y sus socios internos, pero rico y generoso con sus sentimientos para con quienes se lo merecen.
Caras y Caretas
Son los mismos que se alegraron con cada caída de Diego Maradona y que no tuvieron el coraje de oponérsele cuando la racha ganadora inicial entusiasmó a los más escépticos. No son sólo los conocidos caranchos locales, también los carroñeros internacionales dispuestos a corregir la incorrección incurable de los argentinos. Hay una correspondencia entre unos y otros y a todos ellos les produce un placer especial ver fracasar ese estilo “maradoniano” que va contra las convenciones, que se pelea con la Fifa y los acusa no sólo de haber manchado la pelota sino de haber oficializado una que no sirve. Ellos suponen que Maradona termina por demostrarles tranquilizadoramente que tenían razón, que contra ellos no se puede y que el Primer Mundo, la seriedad, la “racionalidad” volvió a ganar y los sudacas insolentes recibimos nuestro merecido. A nivel local conocemos a los que se alegran. Algunos son periodistas deportivos, otros no se sabe qué son, pero allí están refregándonos sus advertencias, sus predicciones tempranas en épocas de eliminatorias, los que siempre supieron que esto no iba a funcionar, lo que pusieron por delante de la emoción la “profesionalidad” y la “seriedad”. Porque a Maradona no le van a perdonar nunca ser Maradona y lo quieren fuera de circulación, no quieren a alguien que inculcó a sus jugadores que lo más importante era darle una alegría a la gente, por eso había que ganar, porque sabe en carne propia lo que cuesta arrancar una sonrisa en los territorios del dolor. Hay que erradicar el mal ejemplo del Diego, que siempre dijo que no quería ser ejemplo.
El Diego es el autor de algunas de las pocas alegrías que vivimos los argentinos en los últimos años. El de la mano de Dios metida en el honor de los ingleses, el del gol más lindo de la historia, el de los cientos de goles y pases mágicos inolvidables.
Es el Diego de Fiorito, el de la Tota y don Diego, aquel que horrorizaba con sus modos y sus ropas a los estúpidos de turno, aquellos que nunca lo quisieron porque tenía demasiado olor a pueblo. Siempre estuvieron deseando que le fuera mal, que se cayera, que le cortaran las piernas, que quedara demostrado para siempre que no era Dios sino un simple cabecita negra. Allí estaba Neustadt festejando su caída en el Mundial 94, porque Diego había osado definir al periodista del poder como a un “sanguchito de miga, porque siempre está al lado de la torta”.
Pero el resto de la gente, que se alegró y sufrió con él, lo banca, lo acompaña como a los amigos en las buenas y en las malas, porque es agradecida, porque tiene una deuda con el Diego que siempre está dispuesta a honrar.
El Diego es otra cosa, con sus enormes defectos, sus flagrantes contradicciones, el Diego es parte de nosotros, nunca fue de ellos, y esto es lo que asombra a periodistas extranjeros de ricos pero fríos países europeos, que no entienden, que se olvidaron de los valores que no cotizan en Bolsa, valores de un pueblo acosado por los “correctos” y “previsibles” y “muy serios” y sinvergüenzas, sin comillas, acreedores y sus socios internos, pero rico y generoso con sus sentimientos para con quienes se lo merecen.
Caras y Caretas
lunes, julio 26
Slavoj Žižek: Sobre la violencia
Slavoj Žižek: Sobre la violencia. Seis reflexiones marginales. Antonio José Antón Fernández (tr.) Barcelona: Paidós, 2009.
Me ha ocurrido algo inesperado con este libro. Sin haberme dado cuenta, esta es la segunda vez que lo compro, lo leo y le hago una reseña. La segunda lectura ha sido tan interesante o más que la primera, así que no tengo más remedio que recomendarlo vivamente.
Como si de una pieza musical se tratase, Žižek articula esta obra en seis movimientos que giran todos en torno a un leit-motiv común: "desde el rechazo de la falsa antiviolencia a la aprobación de la violencia emancipatoria".
El Žižek de siempre, deslabazado y confuso el conjunto, revelador e incisivo en los detalles. Veamos algunas de sus sentencias y flechas:
Cediendo a un chantaje del superyó de dimensiones gigantescas, los países desarrollados «ayudan» a los subdesarrollados con aportaciones humanitarias, créditos y demás, y de este modo evitan la cuestión clave, es decir, su complicidad y corresponsabilidad en la miserable situación de aquéllos. (p. 34)
La actual tolerancia liberal... el «otro» está bien, pero sólo mientras su presencia no sea invasiva, mientras ese otro no sea realmente «otro»... (p. 57)
El problema de los fundamentalistas no es que los consideremos inferiores a nosotros, sino más bien que secretamente ellos mismos se consideran inferiores. Por eso nuestra condescendiente y políticamente correcta aseveración de que no sentimos superioridad respecto de ellos sólo los pone más furiosos y alimenta su resentimiento. (p. 107)
El problema del deseo humano es que, como dijo Lacan, siempre es «deseo del otro» en todos los sentidos del término: deseo por el otro, deseo de ser deseado por el otro, y especialmente deseo de lo que el otro desea. (p. 109)
[Inmigración] Está cada vez más claro que la solución no es «derruir los muros y dejar entrar a todos», que es la exigencia fácil y vacua de los bondadosos liberales progresistas «radicales». La única solución auténtica es derruir el auténtico muro, no el del Departamento de Inmigración, sino el socioeconómico: cambiar la sociedad de modo que la gente no intente escapar desesperadamente de su propio mundo. (p. 127)
Tenemos que ser despiadados con respecto al islam, al cristianismo y hasta con el marxismo. (p. 141)
... ¿cuál podría ser hoy en día el acto verdaderamente radical en términos ético-políticos en Oriente Próximo? Para israelíes y árabes, sería la renuncia (política) al control de Jerusalén, esto es, aprobar la transformación de la ciudad vieja de en un enclave extraestatal de culto religioso controlado (temporalmente) por alguna fuerza neutral internacional (p. 153)
la universalidad del capitalismo reside en el hecho de que el capitalismo no es el nombre de una «civilización», de un mundo cultural-simbólico específico, sino que es el nombre de una máquina económico-simbólica neutral que opera con los valores asiáticos tan bien como con los demás. En este sentido, el triunfo europeo a lo largo y ancho del mundo es en realidad su derrota, su autocancelación. El cordón umbilical del capitalismo con Europa ha sido cortado. (p. 187)
Por eso los desodorantes y jabones son hoy en día cruciales, pues hacen al prójimo mínimamente tolerable: estoy listo para amar a mis semejantes... siempre que no huelan demasiado mal. (p. 198)
[Pederastia] Por consiguiente, la respuesta a la renuencia de la Iglesia no debe ser sólo que nos enfrentamos a casos criminales y que, si la Iglesia no participa con rigor en su investigación, es cómplice de los mismos. La propia Iglesia como institución debe ser investigada en cuanto al modo en que crea de forma sistemática las condiciones para que se cometan tales delitos. (p. 200)
[Abu-Ghraib] Por último, hay un mensaje cínico definitivo en la aplicación del ritual de iniciación estadounidense a los prisioneros árabes: «¿Quieres ser uno de los nuestros? Muy bien, aquí tienes un aperitivo de nuestro auténtico modo de vida». (p. 206)
Recordemos el pánico que se desató en Río de Janeiro hace aproximadamente una década, cuando la turba descendió desde las favelas a la zona rica de la ciudad y comenzó a saquear e incendiar supermercados. Esto era efectivamente violencia divina. Eran como langostas bíblicas, el castigo divino por las acciones pecaminosas de los hombres. (p. 239)
http://auladefilosofia.blogspot.com
Me ha ocurrido algo inesperado con este libro. Sin haberme dado cuenta, esta es la segunda vez que lo compro, lo leo y le hago una reseña. La segunda lectura ha sido tan interesante o más que la primera, así que no tengo más remedio que recomendarlo vivamente.
Como si de una pieza musical se tratase, Žižek articula esta obra en seis movimientos que giran todos en torno a un leit-motiv común: "desde el rechazo de la falsa antiviolencia a la aprobación de la violencia emancipatoria".
El Žižek de siempre, deslabazado y confuso el conjunto, revelador e incisivo en los detalles. Veamos algunas de sus sentencias y flechas:
Cediendo a un chantaje del superyó de dimensiones gigantescas, los países desarrollados «ayudan» a los subdesarrollados con aportaciones humanitarias, créditos y demás, y de este modo evitan la cuestión clave, es decir, su complicidad y corresponsabilidad en la miserable situación de aquéllos. (p. 34)
La actual tolerancia liberal... el «otro» está bien, pero sólo mientras su presencia no sea invasiva, mientras ese otro no sea realmente «otro»... (p. 57)
El problema de los fundamentalistas no es que los consideremos inferiores a nosotros, sino más bien que secretamente ellos mismos se consideran inferiores. Por eso nuestra condescendiente y políticamente correcta aseveración de que no sentimos superioridad respecto de ellos sólo los pone más furiosos y alimenta su resentimiento. (p. 107)
El problema del deseo humano es que, como dijo Lacan, siempre es «deseo del otro» en todos los sentidos del término: deseo por el otro, deseo de ser deseado por el otro, y especialmente deseo de lo que el otro desea. (p. 109)
[Inmigración] Está cada vez más claro que la solución no es «derruir los muros y dejar entrar a todos», que es la exigencia fácil y vacua de los bondadosos liberales progresistas «radicales». La única solución auténtica es derruir el auténtico muro, no el del Departamento de Inmigración, sino el socioeconómico: cambiar la sociedad de modo que la gente no intente escapar desesperadamente de su propio mundo. (p. 127)
Tenemos que ser despiadados con respecto al islam, al cristianismo y hasta con el marxismo. (p. 141)
... ¿cuál podría ser hoy en día el acto verdaderamente radical en términos ético-políticos en Oriente Próximo? Para israelíes y árabes, sería la renuncia (política) al control de Jerusalén, esto es, aprobar la transformación de la ciudad vieja de en un enclave extraestatal de culto religioso controlado (temporalmente) por alguna fuerza neutral internacional (p. 153)
la universalidad del capitalismo reside en el hecho de que el capitalismo no es el nombre de una «civilización», de un mundo cultural-simbólico específico, sino que es el nombre de una máquina económico-simbólica neutral que opera con los valores asiáticos tan bien como con los demás. En este sentido, el triunfo europeo a lo largo y ancho del mundo es en realidad su derrota, su autocancelación. El cordón umbilical del capitalismo con Europa ha sido cortado. (p. 187)
Por eso los desodorantes y jabones son hoy en día cruciales, pues hacen al prójimo mínimamente tolerable: estoy listo para amar a mis semejantes... siempre que no huelan demasiado mal. (p. 198)
[Pederastia] Por consiguiente, la respuesta a la renuencia de la Iglesia no debe ser sólo que nos enfrentamos a casos criminales y que, si la Iglesia no participa con rigor en su investigación, es cómplice de los mismos. La propia Iglesia como institución debe ser investigada en cuanto al modo en que crea de forma sistemática las condiciones para que se cometan tales delitos. (p. 200)
[Abu-Ghraib] Por último, hay un mensaje cínico definitivo en la aplicación del ritual de iniciación estadounidense a los prisioneros árabes: «¿Quieres ser uno de los nuestros? Muy bien, aquí tienes un aperitivo de nuestro auténtico modo de vida». (p. 206)
Recordemos el pánico que se desató en Río de Janeiro hace aproximadamente una década, cuando la turba descendió desde las favelas a la zona rica de la ciudad y comenzó a saquear e incendiar supermercados. Esto era efectivamente violencia divina. Eran como langostas bíblicas, el castigo divino por las acciones pecaminosas de los hombres. (p. 239)
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