martes, marzo 23

Entrevista a Juan Gelman

Por Felipe Pigna

¿Cuáles fueron para usted las causas del golpe del '76?
No se puede analizar el golpe del ’76 fuera de una historia de golpes en la Argentina que comienza en el año 1930. Todos conocemos la posibilidad de golpe de estado; la imposibilidad de que los gobiernos civiles se afianzaran. En cierto momento se habló de la existencia de un partido militar, en tanto era el ejército quien determinaba el curso de las políticas nacionales. En realidad, no puede haber un golpe de estado sin contar con apoyo civil. Ese apoyo civil es en general de empresarios, agropecuarios, según la época, y sectores políticos. Es verdad que los políticos, los radicales, los comunistas, los demócratas progresistas, los socialistas golpearon las puertas para que los militares derrocaran a Perón. De alguna manera, el golpe del ’76 se dio con un consenso social bastante grande, sobre todo en la pequeña burguesía urbana y en los sectores urbanos. Los pretextos que se usaron eran, por un lado, económicos: la mala gestión de Isabel. Eso existió, pero estábamos a nueve meses de elecciones generales, donde se podía elegir otro gobierno. Otro pretexto que se utilizó fue el de la guerrilla. Pero ocurre que en países como Italia y Alemania la guerrilla se pudo controlar y deshacer sin golpe de estado. Éste es el fundamento de la famosa teoría de los dos demonios. Es decir, de un lado estaba la guerrilla, del otro lado estaban los militares y en el medio había una población que no tenía nada que ver con nada. Ésta es una forma de desresponsabilizar a la gente en relación a lo que ocurría.

Respecto a lo que dicen algunos militares como Suárez Mason, acerca de que ellos se sienten usados por las grandes fuerzas empresariales es, hasta cierto punto, así y, hasta cierto punto, no es tan así. Sí habla de la existencia de un tejido anterior al golpe militar, un tejido que se fue conformando a lo largo de los años. Antes del golpe del ’76, estuvo el golpe del ’55 y estuvo el gobierno de Frondizi. Es decir, ya habían empezado los intentos de asociar al país a las políticas monetaristas internacionales del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, y había comenzado la voluntad de iniciar las privatizaciones y todo lo demás. De manera que no se puede desvincular la acción militar de esta voluntad de sectores empresariales del país y de fuera de imprimir en el país un rumbo determinado en este campo.

¿Quiénes apoyaren el golpe?
No se puede disociar el golpe de determinadas complicidades, por ejemplo, de un buen sector de la burocracia sindical. Hubo casos extraordinarios. En el Nunca Más uno lee cómo en la madrugada del 24 de marzo, antes de que el golpe se anunciara públicamente, se tomaban locales sindicales, se detenían a dirigentes medios y de base, en su mayoría peronistas en un gran cinturón de Buenos Aires. Y cómo -hay un testimonio- ahí decían “vamos a matar a todos los peronistas”, mientras resulta que algunos dirigentes sindicales peronistas estaban absolutamente con el golpe. También la Iglesia -con excepciones por supuesto- no sólo lo apoyó, sino que confortó a los militares asesinos y torturadores. De manera que esta es una lista incompleta, pero hablo de los elementos fundamentales: la Iglesia, las llamadas “fuerzas vivas”, que son “vivas” en doble sentido y el ejército, es el trípode en el que se apoya el Estado.

¿Cuál el objetivo del golpe?
Lo que se fue haciendo bajo la dictadura militar fue cambiar el modelo de país. El nuestro era un país bastante industrializado, con una clase obrera numerosa y combativa. El fin era económico, pero también político: quebrar el movimiento obrero, que era el otro polo de desarrollo del país, con una clase obrera nueva y desintegrar esa identidad política que era el peronismo. Los métodos que aplicaron son conocidos por todos nosotros.

¿Qué opina de la teoría de los dos demonios?
Lo que demuestra que la teoría de los dos demonios no funciona es el hecho de que haya habido 30 mil desaparecidos. Según un estudio del coronel Florencio García y del ejército había a lo sumo mil quinientos guerrilleros, sumando todos los grupos guerrilleros en el país. De manera que suponiendo que todos esos guerrilleros hubieran sido aniquilados por las fuerzas armadas, todavía cabe preguntar qué pasó con los 28 mil quinientos que no eran guerrilleros y que incluso no estaban a favor, sino en contra de la lucha armada como salida del problema del país. Claro que murieron “inocentes” entre comillas, como dicen determinados voceros que dan diploma de inocencia a las víctimas para perdonar a los victimarios -como si las víctimas les hubieran encargado esa tarea-.

Eran estudiantes, el 30 por ciento; eran obreros, gente que trabajaba, más del 50 por ciento. Había intelectuales, había periodistas, hombres de teatro, de letras, había curas, sacerdotes, incluso. La Noche de los Lápices es un ejemplo muy claro: gente que peleaba por cambiar una situación de injusticia en el país, por medios pacíficos. Sin ninguna duda a esta gente se la mete en la misma bolsa, sigue siendo uno de los dos demonios, cuando en realidad fue una voluntad de cambio que venía de la década anterior, de los años '60.

En esa década hubo un factor que influyó mucho, sobre todo en la fuerza de izquierda en la Argentina: la Revolución Cubana. Hasta entonces mundialmente se pensaba que era posible la transición pacífica al socialismo. El Partido Comunista argentino estaba en esa misma posición. Y la Revolución Cubana mostró la posibilidad de cambiar el sistema por la vía guerrillera. Esto influyó en sectores muy grandes de la intelectualidad argentina, que siempre se caracterizó por una participación activa, esto desde el siglo pasado. Hubo grandes estadistas nuestros que fueron intelectuales. Y esto es una constante en los países de América latina. En esos años había una discusión muy ardiente acerca de lo que pasaba en el país y de cómo cambiar lo que estaba pasando en el país. Y existían posiciones de lo más diversas con respecto a eso. Pero por sobre todo había una voluntad de cambio y de reflexión acerca de los caminos para producir ese cambio, en la que había muchísimos intelectuales, escritores, pintores, artistas en general. Eso era un fenómeno natural en esos años. Hay una teoría de Sartre del escritor comprometido que no tenía mayor asidero, porque el escritor comprometido implica que “hay una voluntad de”, mientras que para el movimiento estudiantil y grandes sectores de artistas e intelectuales de Argentina en esos años no era una “voluntad de”, era muy natural la actividad política, la reflexión en torno a todos estos temas, etc., etc.

¿Cuáles son las repercusiones del golpe de estado en la actualidad?
Yo percibo que hay temor implantado en la sociedad argentina, por razones explicables. Pero además la falta de seguridad sigue. Yo no creo casual que salgan algunos a decir que hicieron lo que hicieron y que están muy contentos de haberlo hecho. Además hay amenazas contra los hijos de desaparecidos, que han creado una red. Me contaron el caso de un tipo que se acercó a una hija de desaparecido y le dijo: “mirá, decíles a todos esos que andan con vos que van a terminar presos. Tu papá no está muerto. Lo que pasa es que le dimos tantas picanas que está loco y de vos no tiene noticias ni que existís”. Todo esto se alimenta en los fantasmas de las víctimas, porque es muy difícil admitir que un ser querido ha muerto, o desaparecido, que no se sepa dónde está, no se sepa qué pasó con él. También hubo casos en los que llamaban a madres de desaparecidos -hasta el año pasado, por lo menos- de parte del hijo, diciéndole: “Mario está bien. Ya va a volver, manda saludos”; y cosas de esa naturaleza, que ya son de un sadismo que no tienen ningún fin político. Se trata de mantener latente el temor que los métodos de la dictadura militar implantaron en el país.

Lo que a mí más me preocupa de la situación actual en la Argentina es el hecho de que hay una suerte de continuidad del pensamiento militar por medios civiles. En primer lugar está el tema de la impunidad, que todos los militares hayan sido perdonados… Alfonsín fue el que, en definitiva, perdonó a más gente con las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Hay un cálculo -cuya veracidad no estoy en condiciones de asegurar- que estima que fueron bastantes miles los miembros de las fuerzas armadas y de seguridad que participaron directamente en los secuestros, asesinatos y en las torturas. Esos fueron los que perdonó Alfonsín. Y los que se condenaron en el Juicio fueron los que perdonó Menem creando esta sensación de que hoy se puede hacer todo sin que haya castigo. Uno se explica el hecho de que esto continúe por la siguiente razón: porque los militares se fueron, pero la red de intereses que lo sostuvo, que los apoyó, que los cobijó, sigue viva. El otro día caminando por la calle vi un cartel de una elección de hace unos años, en el que el señor Martínez Raymonda, del Partido Demócrata Progresista, se proponía como candidato a diputado. El señor Martínez Raymonda fue embajador de la dictadura militar en Roma. Y como éste ya conocemos los centenares de radicales y peronistas que fueron intendentes bajo la dictadura. Esto en relación a los políticos. Los dirigentes sindicales siguen flotando por ahí. La Iglesia que todavía parece que no está en condiciones de hacerse un examen de cómo participó, salvo -repito- excepciones notorias. Y también, por qué no, ciertos intelectuales que por ejemplo en el año ’78 explicaban en el San Martín por qué la censura era necesaria, con teorías muy peregrinas acerca de este tema: por ejemplo, que cuando en Rusia existía la censura zarista se dio una gran literatura, como si eso fuera el resultado de la censura.

¿Qué importancia tiene la memoria?
Creo que la lucha por la memoria es muy importante, porque a toda esta red de intereses le interesa efectivamente el olvido. Y el tema de los desaparecidos sigue pesando en nuestra sociedad como un cáncer, como una herida que no se cierra. Sin esa memoria no se puede construir una moral cívica sólida. La sociedad pierde el sustento de la memoria, la memoria cívica, justamente. Esto es muy dañino. En la Argentina esto se ha dado vuelta y vuelta. Parece que hubiera tajos, agujeros en la historia, y parece como que esa historia no ha existido. Un peligro de todo eso es que la historia se repita. La historia se repite y no siempre como comedia, sino siempre como tragedia.

¿Qué hizo usted frente a la dictadura desde la poesía?
Yo creo que el hacer poesía es una forma de resistencia, el solo hecho de escribir. Hay un proceso de cosificación, de deshumanización, y hay poesía y arte que combaten eso por el solo hecho de existir, aunque no se lo proponga. Si yo entiendo tu pregunta, el tema es, ¿qué pasa con la poesía y la política? Creo que son dos planos absolutamente diferentes. La poesía son botellas tiradas al mar que, por ahí, alguien recoge. Hablabas del compromiso en la poesía... Yo a la poesía comprometida prefiero la poesía casada, casada con la poesía. El verdadero tema de la poesía es la poesía y por eso puede hablar de cualquier cosa. Los que en cierto momento se escandalizaron porque creían que la poesía no podía tratar temas políticos es gente que no leyó a Shakespeare, que no leyó al Dante, para hablar nada más que de esos dos antecedentes. Hay una anécdota de Paul Éluard, el gran poeta francés, que ilustra lo que pienso. En el año 1950 estalló la guerra de Corea, supuestamente porque los del sur invadieron el norte o al revés. Paul Éluard era miembro del Partido Comunista francés. Él era otro de los grandes poetas, como Aragón y otros. Y se creyeron en la necesidad, en la obligación de escribir poemas por el tema de la guerra de Corea. Paul Éluard no lo hizo y cuando se lo reprocharon, él explicó que solamente escribía poemas de temas políticos cuando la circunstancia exterior coincidía con la circunstancia del corazón. Porque de otro modo -y esto ya no lo dijo él- efectivamente se incurre en el panfleto y en cosas que no tienen demasiado que ver. Yo creo que es legítimo que si un poeta tiene necesidad de expresar esas preocupaciones porque le producen una obsesión poética, -no porque se lo indique el comité central del partido-, es legítimo hablar de temas sociales, políticos, revolucionarios. Pero a la vez, lo otro también es legítimo. Ha habido gente que participó en la resistencia francesa, un tipo que estuvo en Francia, clandestino, peleó contra los nazis, y no hay una sola línea explícita sobre el tema en toda su obra.

Fuente: www.elhistoriador.com.ar

lunes, marzo 22

Argentina podría perder el 40% de su mercado pesquero

La Fundación Vida Silvestre Argentina (FVSA) exige la implementación inmediata de dispositivos que eviten la pesca de juveniles y la reducción de un 30% de las capturas permitidas para 2010. Sostiene que no se está garantizando la racionalidad ni la sustentabilidad de la actividad, como lo indica la ley, y que se podrían perder casi la mitad de los mercados. Diagnóstico de un recurso al rojo vivo y propuestas para salvar una pesquería al borde del colapso.

Algunos números:

Se perdió más del 70% del total del recurso y un 80% de adultos, en los últimos 20 años.
De 2007 a 2008, el desembarque de juveniles se incrementó de 37% a 61%.
450 días estaría suspendido el uso del dispositivo de selectividad para evitar la pesca de juveniles, desde febrero de 2009.
290 mil toneladas se pescarían en 2010, un 30% más de lo recomendado para recuperar el recurso.


Buenos Aires, 21 de marzo de 2010.- La pesca de merluza, tal como se está desarrollando, no estaría cumpliendo con los nuevos requisitos impuestos por la Unión Europea para importar pescados y mariscos. Y, consecuentemente, la Argentina podría perder el 40% de sus mercados. Un reciente informe publicado por la Fundación Vida Silvestre Argentina (FVSA), titulado “Año 10, Merluza 0”, revela que el 80% de la merluza adulta desapareció del mar argentino por el efecto de la sobrepesca y la captura de juveniles. “Ninguna de estas amenazas es nueva, pero lo novedoso es que sea el propio gobierno el que, a través de sus políticas, avale y agrave esta crisis”, señaló Guillermo Cañete, Coordinador del Programa Marino de la Fundación Vida Silvestre Argentina.

Concretamente, la Fundación Vida Silvestre Argentina cuestiona dos medidas dispuestas para el año 2010, que agravarían, aun más, el estado del principal recurso pesquero argentino y generarían riesgos que exceden los impactos ambientales. Las disposiciones del Consejo Federal Pesquero (CFP) para 2010, incluyen, por un lado, la posibilidad de pescar un 30% más de lo recomendado para recuperar el recurso y, por otro lado, la continuidad de una medida dispuesta en febrero de 2009, mediante la que se suspendió el uso del dispositivo de selectividad que evita la pesca de juveniles. A principios de 2010, Vida Silvestre presentó un pedido de informes ante el CFP y solicitó por nota la corrección de ambas medidas. Sin embargo, pese a haberse cumplido los plazos correspondientes, aun no recibió respuesta a su pedido por parte de las autoridades.

“Los impactos de la sobrepesca y la pesca de juveniles no repercuten únicamente sobre el recurso. La merluza, por sus características, no va extinguirse, pero alcanzará cantidades tan bajas que no resultará rentable salir a pescarla. Así, lo primero que va a extinguirse es el sector pesquero, las empresas y los pescadores. Nos estamos refiriendo a un sector que genera más de mil millones de dólares anuales por exportaciones y sostiene 20 mil puestos de trabajo directos, de los cuales, más de un 10% se ha perdido en los últimos años”, explicó Diego Moreno, Director General de la Fundación Vida Silvestre Argentina, quien agregó que “la Argentina necesita un modelo pesquero equilibrado y sustentable, que entienda que las dimensiones económica, social, política y ambiental, van de la mano. Los peces, la pesca y los pescadores deben ser protegidos en conjunto”.

Para 2010, el Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP) generó dos tipos de recomendaciones respecto de las capturas de merluza: una basada en la metodología tradicional utilizada por el organismo, de 190-210 mil toneladas; y una segunda de 300 mil toneladas, basada en un análisis que contempla, por primera vez, el descarte pesquero (tirar por la borda el pescado que no sirve) y la subdeclaración (no dar testimonio de lo que se pesca). Este último análisis, se realizó bajo el supuesto de que a partir de enero de 2010 el sistema de monitoreo y control y, consecuentemente, las prácticas pesqueras, se habrían modificado abruptamente a causa de la implementación de medidas encuadradas en la reglamentación 1005 de la Unión Europea (UE). De esta forma, asumen que disminuiría significativamente la declaración errónea de las capturas, permitiendo pescar más merluza. Pero Vida Silvestre considera que la implementación de estas medidas es aún incipiente y no ha demostrado resultados efectivos.

“En 2008, desde Vida Silvestre, solicitamos blanquear la pesca mediante la adopción de medidas integradas que mejoren e incorporen transparencia al sistema de control, monitoreo, inspección e información pesquera. Pero lo que se ha hecho, es blanquear la sobrepesca, sin tomar medidas coherentes para preservar el principal recurso pesquero que tenemos los argentinos”, recordó Cañete. “Necesitamos acciones firmes con resultados concretos y no sólo anuncios que generen falsas expectativas. Y esperamos que esa información sea accesible, en tiempo y forma, para todos los argentinos que deseen verificar que su patrimonio natural es utilizado en forma racional y responsable”, finalizó Moreno.

“Consideramos que no resulta sustentable pescar más merluza de la que se renueva cada año, como está ocurriendo actualmente. Tampoco es racional permitir la captura indiscriminada de peces que aún no han logrado su primera reproducción. La propia Constitución Nacional, la Ley General del Ambiente y el Régimen Federal Pesquero, determinan que la explotación de los recursos naturales debe ser racional y compatible con su conservación. Por eso consideramos que la pesca de merluza, bajo las condiciones actuales, podría no estar respetando la ley. Esto pone a la actividad pesquera en una situación de alto riesgo frente a mercados como el de la Unión Europea, cada vez más exigente en cuanto a la sustentabilidad de los productos que importan”, concluyó el Director General de Vida Silvestre.

jueves, marzo 18

Mundo-consumo

Por Zygmunt Bauman

Con independencia de cualquier otro significado que pueda tener el término, "globalización" significa aquí que todos somos mutuamente dependientes. [...].
Ésta es la situación en la que, lo sepamos o no, construimos nuestra historia compartida en la actualidad. Aunque gran parte de ese hilo histórico que vamos desenmarañando [...] depende de las elecciones humanas, las que no están sujetas a elección son las condiciones en las que se efectúan tales elecciones. Tras haber desmantelado la mayoría de los límites espacio-temporales que confinaban el potencial de nuestras acciones al territorio que podíamos inspeccionar, vigilar y controlar, ni nosotros ni quienes sufren las consecuencias de nuestras acciones podemos ya resguardarnos de la red global de dependencia mutua actualmente existente. No se puede hacer nada para detener la globalización (y menos aún para invertir su sentido). Se puede estar "a favor" o "en contra" de la nueva interdependencia a escala planetaria, pero el efecto de ese posicionamiento será parecido al de apoyar o deplorar el próximo eclipse de sol o de luna previsto. Sin embargo, es mucho lo que depende de que consintamos o nos resistamos frente a la desigual forma que ha adoptado hasta el momento la globalización del sufrimiento humano.
Hace medio siglo, Karl Jaspers podía aún separar nítidamente la "culpa moral" (el remordimiento que sentimos cuando ocasionamos un daño a otros seres humanos, ya sea por algo que hemos hecho o por algo que hemos dejado de hacer) de la "culpa metafísica" (la culpabilidad que sentimos cuando un ser humano sufre un daño, aunque no haya sido debido en absoluto a una acción nuestra). Con el avance de la globalización, esta distinción ha sido despojada de su anterior sentido. Las palabras de John Donne ("Nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti") representan la auténtica solidaridad de nuestro destino ; lo que sucede, sin embargo, es que la solidaridad de nuestros sentimientos (por no hablar de nuestras acciones) dista aún mucho de estar a la altura de esa nueva solidaridad de nuestro destino.
Dentro de la densa red mundial de interdependencia global, no podemos estar seguros de nuestra inocencia moral cuando otros seres humanos sufren humillación, sufrimiento o dolor. No podemos afirmar, sin más, que no lo sabemos, ni podemos estar convencidos de que cambiando algo en nuestra conducta no pudiéramos evitar o, cuando menos, aliviar la suerte de quienes sufren. Tal vez seamos impotentes a nivel individual, pero capaces de hacer algo si actuamos juntos: a fin de cuentas, la "unión" la hacen (y está hecha de) los propios individuos. El problema estriba en que -como bien se quejaba otro gran filósofo del siglo XX, Hans Jonas-, aunque el espacio y el tiempo ya no limitan los efectos de nuestras acciones, nuestra imaginación moral no ha progresado mucho más allá del nivel que alcanzara en tiempos de Adán y Eva. Las responsabilidades que estamos dispuestos a asumir no van tan lejos como la influencia que nuestro comportamiento cotidiano ejerce sobre las vidas de personas cada vez más distantes de nosotros.

Cuadros dentro de cuadros

martes, marzo 16

Diario 23 de Febrero de 1860

Por Henry David Thoreau

Un hecho presentado desnudamente es seco. Debe ser el vehículo de alguna humanidad para que nos interese. Es como dar una piedra a un hombre que te pide pan. Ultimamente la moral es todo en todo, y no nos importa si la verdad inferior es sacrificada a la superior, como cuando el moralista fabula y hace que los animales hablen y actúen como humanos. El hecho debe ser cálido, húmedo, encarnado, haber sido respirado al menos. Un hombre no ha visto una cosa que no ha sentido.

La misma campana

Por Bernabé Tolosa

El 23 de agosto de 2009 comenzaba el programa de radio que conduzco, con las mismas palabras. En aquel momento se trataba de alguien que ingresó a una feria comunitaria y disparó a quemarropa contra otra persona. El lugar estaba repleto de gente. Este 15 de marzo de 2010 se trataba de otro sujeto, que al grito de “quien lo tocó el culo a mi hija”, le disparó a un joven de 16 años, quitándole la vida. Los testigos aseguran que le podía haber tocado a cualquiera la bala.

Las palabras en aquel momento referían a la violencia con la cual convivimos día a día. Mencionábamos un texto del filósofo esloveno Slavoj Zizek, donde distinguía tres tipos de violencia. La subjetiva, la simbólica y la sistémica. La subjetiva es la más evidente y es la que en primer lugar, así como la única, que se toma en cuenta. Se trata de aquella que encarnan los sujetos. La segunda es aquella que se ejerce a través del lenguaje, no siempre es agrediendo a alguien con palabras graves, a veces no suele ser notoria. Y finalmente la sistémica que es aquella inherente al modelo económico y político vigente, donde todo es competencia contra alguien.
Si a esta realidad uno le suma la poca credibilidad de las instituciones, en este caso la Justicia, queda un caldo de cultivo, donde cualquiera puede creerse que tiene derecho a justiciar a cualquiera, por lo que sea. (y si encima uno agrega algo como alcohol o drogas, el caldo de cultivo aun es más peligroso)

Ya lo decíamos en aquella nota. Esto va más allá de una cuestión de falta de seguridad. Esto es más profundo todavía. Vuelvo a Zizek, “la violencia siempre es nociva. Por ello ante cualquiera de sus manifestaciones se deben tomar medidas urgentes. Aunque lo mas conveniente es prevenirla desde el dialogo y la tolerancia”, dice.

Entiendo que esto es difícil de explicar, sobre todo a los padres de esta criatura. Pero aquellos que se supone están para universalizar una sociedad mejorada para todos nosotros, deberían entenderlo. Se preocupan, pero deberían ocuparse más.

Mientras informábamos sobre la muerte de este joven, otras noticias llegaban sobre otro chico que fue, cansado de las cargadas, armado a su escuela. ¿Qué nos pasa? ¿Este es el precio de qué? ¿Qué es lo que nos sale tan caro?
Cuando nada parece tener sentido, cuando este no tener sentido se transmite a otras generaciones, cuando se ofrece cada tanto una repetición de lo mismo, pero diferente. Cuando no hay empatía ni respeto por nada, es cuando deja ya de sorprender los hechos que ocurren. Y el peor remedio para una sociedad es aceptar lo anormal, como cotidiano.

¿Será mucho pedir que dentro de algún tiempo no tenga que repetir lo dicho en agosto del 2009 y marzo del 2010? Perdonen mi pesimismo. Pero si no hay cambios estructurales fuertes, si no ha otro tipo de compromisos en gobernantes, gobernados, padres, hijos, docentes, periodistas, políticos, ciudadanos, individuos y un largo etcétera, será muy difícil ver lo contrario. Decía Tomás Abraham no hace mucho, “ante una situación así, ¿nos queda otra alternativa que adscribir a la consigna de aquel Mayo Francés del ’68: seamos realistas, pidamos lo imposible? Sí, la hay: seamos idealistas, tratemos de mejorar un poco”. Por el bien de todos, agregaría yo.